Imparable Begoña Fernández


Begoña Fernández Molinos (Vigo, 1980) se ha consolidado durante el año que expira como una de las mejores jugadores de balonmano del mundo, y la mejor deportista gallega del 2009. La pivote había cerrado el 2008 con el premio de la primera medalla internacional para el balonmano femenino español, con la plata en el Campeonato de Europa de Macedonia donde había sido elegida dentro del siete ideal del torneo como la mejor pívot.

Este año se ha superado en todos los aspectos, en el personal, y también en el colectivo ha añadido nuevos títulos a una larga carrera profesional desde que emigró de Galicia a los 18 años para fichar por el mejor equipo femenino del momento, el Osito de Valencia.

Hace pocas semanas la Federación Internacional de Balonmano la elegía de nuevo dentro de siete ideal, en esta ocasión del Campeonato del Mundo de China, lo que la ratifica como la mejor pívot del planeta.

La pasada temporada había regresado a su actual club, el Itxako de Navarra, donde ya había estado en una etapa antes de irse al Elda. El pasado mes de mayo el equipo navarro conseguía, con la gallega como una de las piezas claves del equipo, los primeros títulos de su historia. Y lo hizo a pares, al ganar la División de Honor Femenina y un título europeo, el de la EHF.

Embajadora de Galicia

Begoña Fernández es sin duda una de las deportistas que mejor ejercen de embajadora de Galicia fuera de sus fronteras. No desperdicia la oportunidad de presumir de gallega. En cualquier entrevista en la que le pregunten sobre su lugar favorito siempre presume de que no hay otro mejor que Galicia, aunque por motivos personales y profesionales solo pueden venir a su tierra muy pocos días al año. «Le digo a todo el mundo con la boca bien grande que Galicia es lo mejor que hay y que es el mejor sitio para venir de vacaciones si no la conoces», comentaba la viguesa en una entrevista a La Voz de Galicia.

A mediados de los noventa se animó a practicar el balonmano porque iba habitualmente a ver jugar a sus primos, y decidió apuntarse en las escuelas deportivas viguesas. «Mi madre decía que era un deporte muy bruto, pero yo me enganché y la convencí», recuerda. Empezó a jugar en el Ría de Vigo antes de fichar por el Porriño, el mejor equipo femenino gallego, que llegó a estar hace una década en División de Honor.

Fue entonces, con 18 años cuando llamó la atención de los equipos grandes que veían en ella grandes cualidades para triunfar, y emigró a Valencia. Poco a poco fue haciéndose un hueco entre las mejores jugadores de la liga. No fue un camino de rosas, pero Begoña siempre se ha caracterizado por ese carácter luchador que traslada a las pistas de juego, y que la convierten en una pesadilla para las rivales que tienen que cerrarle el paso. Durante el pasado Mundial las mejores selecciones del mundo activaban un dispositivo especial para frenarla.

Está entre las quince jugadoras que más veces han sido internacionales en la historia de la selección con la que ha marcado más de 250 goles. Y su historia aún se está escribiendo.

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