Wenger que se levanta inquieto del asiento; Wenger que alza los brazos; Wenger que inicia la carrera de festejo; Wenger que se frena en seco con gesto preocupado; Wenger que se lleva las manos a la cabeza. Todo eso sucedió, en menos de cinco segundos, en el banquillo del Arsenal. El técnico de los gunners decidió arriesgar, regaló veinte minutos de su estrella al público del Emirates y a punto estuvo de pagarlo caro. Durante las próximas semanas, se lamentará por la recaída de Cesc; pero a largo plazo, el técnico francés y su hinchada podrán añadir el de ayer a su colección de partidos para el recuerdo.
El Boxing Day del 2009, la fiesta de los regalos y el fútbol en Inglaterra, será para siempre el de Fábregas. Pocos futbolistas hay tan determinantes como el español y muchos menos, quizá ninguno, entre los que parten desde el mediocampo. Se medían tercero (Arsenal) y cuarto (Aston Villa). Dos formas opuestas de entender el juego. Ambas de una intensidad mayúscula. La que propone Wenger, construida en horizontal a partir de la posesión y el toque, ayer (y desde la lesión de Bendtner y Van Persie) sin un solo punta nato sobre el campo. La que defienden los de Martin O'Neill, cimentada en las transiciones rápidas y en una verticalidad absoluta.
Las profundas diferencias no rompieron la igualdad del marcador en una primera parte emocionante por la incertidumbre del resultado, pero huérfana de ocasiones claras más allá de alguna tímida llegada de Eduardo por el lado local y un par de disparos lejanos con intención pero sin fortuna de Young y Cuellar para los visitantes.
El Chelsea, a tiro
Estéril empate a nada al descanso. El Arsenal necesitaba la victoria para no perder el paso del Chelsea, que al inicio del encuentro le sacaba siete puntos con dos partidos más jugados; el Aston Villa, para afianzarse en su puesto de Champions.
Los de casa tocaban sin sustancia. Denilson, Song y Diaby son más de lo mismo, con más presencia ofensiva unos y con más músculo para el corte otros. A Eduardo y Nasri les falta definición y llegada. Arshavin era una isla. No le servían balones y tampoco iba a buscarlos.
El Aston Villa amenazaba con completar su grand slam , tras haber vencido ya a Liverpool, Manchester United y Chelsea esta temporada. Wenger se encomendó a Cesc, renqueante de una lesión en su pierna izquierda. Le dio entrada en el minuto 57. En el 58 el partido era otro.
Los gunners encerraban al rival. Arshavin y Walcott (sustituto de Eduardo) parecían hipermotivados. Friedel despejaba con apuros dos tiros del ruso, Cuellar sacaba bajo palos en un córner... Llegó una falta a Cesc en la frontal y el español la convirtió en un golazo espectacular, al que sucedió otro en una contra. Ese segundo tanto mató el partido y al capitán del Arsenal, lesionado al rematar 24 minutos de un fútbol inmenso. El regalo del Arsenal a sus 60.000 seguidores, que despidieron en pie al gran héroe del Boxing Day.