No me gustó el sorteo de los octavos de final, donde la bola del Deportivo fue la última en salir cuando del bombo ya habían volado todas las gangas, si es que las hay en el torneo del k.o. En el café, el camarero comentó en voz alta y con clara intención de que se le escuchara: «Los últimos serán los primeros». El paisano y yo, pensando en el futuro, llegamos a la conclusión de que, eliminando al Valencia, en cuartos de final hay que vérselas con el Barcelona o Sevilla, equipos de los que sus presidentes anunciaron que no renuncian al doblete: Liga y Copa. Puede tumbarse a un gigante, pero superar a dos seguidos ya me dirán... Antes de ahora, también Lotina habló de la Copa, torneo que le gusta y en el que desea llegar lejos. Ignoro lo que el entrenador coruñés comentó una vez conocido el resultado del sorteo, aunque seguro que él no tiró la toalla...
Los sorteos de hoy no pueden compararse con los de antes. Se celebraban después de cada eliminatoria y envueltos en una emoción intensa que se palpaba en los ambientes futbolísticos de las ciudades cuyos equipos estaban representados. Entonces no mostraban los federativos tantas urgencias como ahora y la incertidumbre, que tanta importancia tiene en el fútbol, prolongaba aquella expectación entre los seguidores quienes solían llamar a las redacciones de los periódicos porque su ansiedad no les permitía esperar al día siguiente para conocer el rival de su equipo.
La Copa quedó vacía por tanta celeridad adelantándose al futuro. Tanta prisa por el sorteo y tanta lentitud para que los comités de la Federación resuelvan asuntos pendientes de jornadas ya celebradas. La tarjeta de Riki, por poner un claro ejemplo.