El Obradoiro no se pone límites

DEPORTES

Los precedentes y la teoría dicen que Jackson es el faro que guía a este Obradoiro en la siempre complicada travesía de la ACB. Ayer estuvo con sus compañeros a pie de pista, pero no para jugar. Lo mismo que Pasalic, con el tobillo inmovilizado y unas muletas para poder desplazarse. Su relevo, Hettsheimeir, compareció con solo un par de sesiones y después de salir de una lesión. Y Terry dio el susto en el tercer cuarto con un esguince del que se pudo recuperar.

A todo eso se sobrepuso el colectivo de Curro Segura, y también a los dos apagones provocados por la tormenta, sobre todo al segundo, cuando mediado el tercer cuarto el equipo volaba y tenía al Unicaja sobre la lona.

El partido empezó de la peor manera posible, porque Taquan Dean, uno de los cañoneros de la ACB, tardó dos segundos en clavar un triple. El referente anotador del Unicaja quizás comenzó a pensar que le esperaba una plácida jornada de caza mayor. No fue el caso, porque a duras penas conseguía armar el fusil. Entre Alfonso Sánchez y Bulfoni se turnaron para incomodarlo, y si se les escapaba siempre llegaba la ayuda de Terry o Manzano.

Los demás tiradores andaluces tampoco tuvieron su día y, sorprendentemente, el rival cargó poco el juego sobre sus pívots. En el primer cuarto entraron más en acción Archibald y Rubio, y el marcador se movió por los cauces de la igualdad. Con la veteranía de Higgins, Terry más centrado que nunca, Manzano sólido en la pintura y Hettsheimeir sumando, el Obradoiro no solo capeó el temporal sino que superó al adversario en capturas y control bajo los aros.

El colectivo de Curro Segura derrochó defensa y concentración durante los cuarenta minutos. El Unicaja, en su segunda posesión, dispuso de tres opciones de tiro y en ninguna encontró la canasta. Un calco del resto del partido, en el que sufrió cada punto que anotó.

Por un momento, el rival amenazó con una brecha de cinco puntos, pero respondió el Obra con un parcial 7-0: un triple de Vasileiadis, otro de Stanic y una canasta imposible del pequeño base colándose entre las torres verdes.

En el segundo cuarto el colectivo local supo manejar el partido como más le convenía. Atrás mantenía una actividad incesante, sin dar tregua. Y arriba movía el balón con fluidez.

De vuelta del vestuario, Aíto planteó una zona que hizo poco más que cosquillas: una bandeja de Vasileiadis, un triple de Alfonso Sánchez seguido de otra entrada a canasta, triple de Stanic, triple de Manzano, otra de dos de Vasileiadis.... Y en medio solo cinco puntos visitantes. Llegó el apagón eléctrico en el peor momento, y tras la reanudación, pese a que el Unicaja amenazó con un par de arreones, el Obradoiro siempre encontró respuestas.