Solo una momentánea pájara local permitió a la albiceleste acercarse a Casillas, ovacionado en su partido cien
15 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.España le ganó ayer a unos cuantos chicos que corren y dan patadas (pocas veces al balón). La gran obra del Dios de Lanús ha sido convertir en molesto equipo de medio pelo a un grupo de futbolistas de talento y conseguir echarle la culpa de todo a Messi. La Pulga se pasó el encuentro de ayer esprintando para presionar a Piqué, Busquets y Xabi Alonso en la salida. Exprimido en tareas defensivas, apenas existió en ataque.
Los correteos de los de Maradona en pos de la bola los salvaron casi siempre los españoles con una receta para juveniles: soltarla rápido y buscar el espacio. Del Bosque había alistado para ese ejercicio a cinco pequeños amantes del juego al primer toque, que ayer empezaban en Xabi Alonso y acababan en Villa. Los argentinos llegaban siempre tarde, para desgracia del físico de los de casa, marcados sin pudor por la multitud de rascadores de tobillo del frente albiceleste.
Argentina tiene en punta un puñado de candidatos a mejor delantero del mundo, pero el nivel baja progresivamente según se retrasa la mirada. En el centro del campo, Gago, al contrario que Messi, no engaña a nadie: es igual de intrascendente en su selección y en el Madrid, y Mascherano debe cortar y crear, algo que le cuesta tanto como en el Liverpool. La defensa es un mal chiste. Solo Ansaldi, el lateral izquierdo del Rubin Kazan, puso algo de freno a la ofensiva local. Villa, Iniesta y sobre todo un fenomenal Silva, abusaron de Heinze y Coloccini.
Errores en la zaga
El ex del Madrid carece de técnica, velocidad y cintura. Se sostiene entre los titulares por la obstinación de Maradona y su exceso de ímpetu en el campo. Empuje que pagaron los tobillos de Silva e Iniesta. Coloccini tiene al menos la excusa de jugar desplazado al lateral derecho. Por allí llegaron casi siempre las muchas ocasiones de España y el primer gol de Xabi Alonso, que empujó dentro un balón rechazado por Romero a disparo de Silva. El canario sentó a Heinze y Demichelis en un solo giro dentro del área. Poco después, Coloccini evitó bajo palos el segundo gracias a que Villla le tiró a dar con toda la portería vacía.
Argentina no estaba para abrir nuevas vías y explotó lo que explotan todos: la tierra quemada a espaldas de Sergio Ramos. Se volcaron los albicelestes en la banda derecha de España, para aprovechar la habilidad de Di María. El fino extremo del Benfica protagonizó las mejores ocasiones de los suyos, con un pase de gol a Higuaín y un mano a mano con Casillas. El portero no tuvo que mancharse los guantes en el día de sus cien partidos: la mayoría de las ocasiones del rival acabaron en la grada y poco pudo hacer en el gol, producto de un penalti en una de las escasas ocasiones en que la presión dio frutos. Albiol perdió un balón ante Maxi, al que arrolló intentando enmendar el fallo. Messi firmó el tanto.
Fue al final de la pájara de España, entre los minutos 45 y 60. Hubo relajación y miedo a meter la pierna hasta después del empate, cuando, ya con Cesc en el campo, los de Del Bosque recuperaron el balón y la superioridad. Argentina volvió a quedar encerrada en su área, donde Demichelis sacó con la mano un lanzamiento de Xabi Alonso, que convirtió el penalti. Con el segundo tanto la fiesta volvió a las gradas, que recibió entre aplausos el debut de Navas y acabó coreando el nombre de un Casillas centenario.