«Que bote, que bote El Molinón»

Rubén Ventureira

DEPORTES

Coruña, patria querida. Los seguidores del Sporting dieron color antes, durante y después del partido. En los días previos, se había anunciado una mareona de 7.000 seguidores. Pero ayer al mediodía, los directivos del Sporting aseguraban que sus seguidores habían comprado 6.800 entradas, y calculaban en 8.000 el número de hinchas desplazados.

Parecían incluso más cuando saltó al campo para calentar el Dépor, recibido con un estruendoso abucheo por la masa asturiana, que abarrotó buena parte de Preferencia Superior. Pabellón Superior y un tramo de Preferencia Inferior. «Que bote, que bote, que bote El Molinón», gritaban eufóricos al principio, y con el mismo cántico despidieron a sus jugadores al final. Ni el gol de Lassad los calló. Su empuje desde la grada condujo a su equipo a la igualada.

Ya dos horas antes del partido los seguidores del Sporting ya habían tomado la calle Manuel Murguía del principio al final. Esperaban la llegada de su equipo en la acera más alejada de Tribuna, pues un cordón policial impedía cruzar. Amenizaron la espera cantando el himno asturiano. El recibimiento a sus jugadores fue propio de un equipo que ha ganado un título.

La fiesta dominguera había comenzado muchísimo antes. Primero, en la madrugada, donde los pubs del Orzán y del centro fueron tomados por los asturianos. El 092 confirmó que, «debido al incremento de la afluencia, hubo un aumento de peleas y conatos de peleas».

Para la una de la tarde, en la calle Barrera, la asociación de hosteleros de esta vía había convocado un encuentro de confraternización de las dos aficiones. Al llamamiento solo acudió la hinchada sportinguista, que resistió con buen humor un diluvio. Con música gallega y asturiana sonando por la megafonía, los hosteleros regalaron raciones de lacón y empanada para abrir boca. Abrieron todos los bares, y hasta una tienda de ropa, pero esta no tenía los «gorros antiagua» que reclamaba un asturiano. Resguardados bajo los toldos y paraguas rojiblancos, los gijoneses tomaron la calle de la Barrera, donde se reunió «lo mejor del fútbol, que son los aficionados», arengó el presidente de la federación de peñas del Sporting, Pepín Braña.