El desenlace del procedimiento, en el cual Renault no se defenderá de las graves acusaciones, es totalmente incierto. La FIA podría mostrase magnánima para evitar que el constructor francés se retire de la fórmula 1, pero tampoco hay que descartar que aplique mano dura para disipar las crecientes dudas sobre la fiabilidad de la clase reina del motor.
«Es increíble el daño que se ha causado a la fórmula 1», se quejó el triple campeón mundial Niki Lauda, que exigió que se apliquen duras y ejemplares sanciones.
El artículo 151c del reglamento de la FIA, que constituye la base de la acusación, admite más de una interpretación. Hace dos años, los jueces de la FIA condenaron a McLaren-Mercedes al pago de una multa de 100 millones de dólares en el asunto del espionaje a Ferrari.
«El caso de Renault es peor, porque hubo vidas en peligro», dijo el presidente de la FIA, Max Mosley. Aunque la fórmula 1 esté acostumbrada a los escándalos, el Crashgate ocupa el lugar más espectacular en su historial. Poco después de la carrera de Singapur surgieron las primeras sospechas debido a las curiosas circunstancias del accidente. Tras ser despedido de Renault, Piquet rompió el silencio y se brindó a la FIA como testigo de cargo. Briatore rechazó indignado las acusaciones y Symonds se negó a declarar. Pero cuando a principios de septiembre se constataron sospechosos datos telemétricos y de comunicación por radio, la presión para Renault fue enorme.