Cesc se sintió protagonista y marcó el gol que abrió el partido y Torres desperdició numerosas ocasiones
10 sep 2009 . Actualizado a las 11:35 h.Va a ser que hay crisis. Porque si no no se entiende que un billete a Sudáfrica salga tan barato. España lo sacó en Mérida poniendo la calderilla de un fútbol que el sábado había emocionado en Riazor. La víctima del repaso en A Coruña fue Bélgica, que partía como uno de los huesos del grupo y que ayer se quedó sin entrenador después de ser humillada en su visita a Armenia. El resto de rivales en el camino al Mundial han sido una Turquía que nunca fue tan fiera como se pinta, una Bosnia voluntariosa pero limitadita y una Estonia sin cultura de fútbol, en la que su técnico todavía jugaba como profesional en su país hace un par de temporadas. Con 53 años. Los chicos de Taarmo Ruutile metieron a España en un brete durante 20 minutos. Eso duró la mala tarde del Curro Romero en que se transforma el combinado nacional en las citas de trámite. Los estonios acapararon el balón y las ocasiones en el arranque. La tuvo clarísima Kink, al cuarto de hora, pero su cabezazo acabó fuera, como el remate de espuela que tres minutos más tarde se marcó Oper. El gran referente del fútbol estonio vive su canto del cisne en la liga china. Por el lado local, las réplicas llevaban todas la misma firma y el mismo destino: Torres y la grada. Allí mandó el Niño todo un repertorio de ocasiones clamorosas que se sucedieron en cuanto España se pércato de que cada carrera a la espalda de los centrales visitantes era medio gol. El otro medio lo envió a las nubes el delantero del Liverpool en una volea a tres metros de la portería y en un mano a mano. La defensa adelantada parecía una invitación para que el ariete relanzara su carrera con el combinado nacional. Pero Torres sigue gafado en cuanto se pone el pantalón azul. Hubo otros que si vieron en la fragilidad estonia una vía de redención. Salían los visitantes de su campo y Vunk cometió el error de darle la espalda a Cesc. El del Arsenal, que se ha hartado de reclamarle a Del Bosque un papel protagonista, limpió el balón y arrancó hacia la portería contraria. Tiro una pared perfecta con Silva y definió con clase. Era el gol que metía a España en el Mundial, gracias al empate previo entre Bosnia y Turquía. Resuelto el asunto, los de casa se relajaron definitivamente y así fue muriendo el encuentro. Con alguna patada, como la que Silva recibió de Rahn -un central que marcó ante Inglaterra uno de los tantos en propia meta más bonitos de la historia-, y con algún gol, como el de Cazorla, tras varios rebotes, o el de Mata, en jugada personal. Un plácido trámite. Nada despreciable en tiempos de crisis.