El líder del Xacobeo, Veloso y Gustavo Domínguez intentarán seguir en la Vuelta a pesar de sus lesiones
03 sep 2009 . Actualizado a las 02:38 h.«Yo quiero tomar la salida. Después ya decidirá la carretera». Ezequiel Mosquera no duda. Su tobillo izquierdo «está hinchado como una pelota», pero su intención en seguir en la Vuelta. Partirá desde Tarragona para completar 174 kilómetros hasta Vinaroz. Intentando olvidar las heridas de guerra de la hecatombe de Lieja. Será su gran prueba. Y también la de Gustavo César Veloso y Gustavo Domínguez, los otros dos ciclistas del Xacobeo que quedaron tocados tras la caída masiva del martes.
En la jornada de descanso, Mosquera completó cuarenta minutos de rodillo. No salió a entrenarse. Tampoco lo hicieron Veloso, con un fuerte golpe en el talón, y Domínguez, que tiene un corte profundo en su pierna derecha. «Al hacer rodillo el pie me molesta menos de lo que pensaba, a ver cómo va cuando haya que poner motor a tope. Mañana [por hoy] es cuando habrá que sacar conclusiones», comenta el líder del equipo.
Esperando una tregua
Espera que hoy haya tregua en el pelotón. «Todos los equipos tienen la enfermería llena», apunta. Pero al repasar en el recorrido la estrecha carretera del Alto de la Ermita, una tachuela que no puntúa situada a ocho kilómetros del final, admite que «habrá que meter el codo».
Para dormir después del derrumbamiento de Lieja, lo peor «fueron las molestias típicas después de una caída y que no te permiten encontrar la postura».
Álvaro Pino estaba más preocupado que su jefe de filas. «El derrame en el tobillo es grande. A ver cómo responde en la etapa», dice el director deportivo del equipo gallego. Extiende su inquietud a Veloso y, sobre todo, a Gustavo Domínguez. El porriñés fue el único que no hizo rodillo ayer. «A ferida está bastante pechada, ten boa pinta. Estiven parado, para non suar e mover o menos posible a perna. Así facilitamos a cicatrización», explica el corredor.
Revisión de la caída
Los ciclistas del Xacobeo aprovecharon la jornada de descanso para ver las imágenes de la caída y sacar sus conclusiones. «La vi un par de veces. Está claro que había algo en la rotonda, porque no es normal que se vayan al suelo tantos corredores. De hecho, Alberto Fernández, que se había quedado rezagado, pasó después entre los cadáveres y vio un brillo como de gasoil», explica Mosquera. «Todo el final de la etapa fue una locura. Hubo un momento en el que David García y yo nos miramos pensando: ''nos vamos a matar''. Daban ganas de llorar», agrega.
A fuerza de repetir y de buscarse entre los caídos, Gustavo Domínguez ya sabe que se cortó la pierna con un bordillo y con la bicicleta de otro corredor. Y David García puede describir la visión aérea del paisaje tras la batalla: «Por la tele parece como si una bomba hubiera caído sobre el pelotón».