Aprovechó el enorme trabajo de Astarloza y venció en un bonito esprint a sus tres compañeros de fuga
12 jul 2009 . Actualizado a las 02:33 h.Fueron las ganas. La total confianza en el éxito. Lo desvelaba un exultante José Joaquín Rojas al acabar la jornada: «Nos lo había anunciado: 'Voy a reventar la carrera'. Lo mismo que Óscar en el 2006».
Emular aquella etapa de Montélimar en la que el gallego se enfundó el jersey oro era un reto complicado, pero no le faltó tanto a Luis León Sánchez, que a cambio logró la primera victoria española y la segunda del Caise d'Epargne en esta edición del Tour. Aquel 15 de julio, el de la hazaña de Pereiro, el gigantón Voigt resolvió una escapada a cuatro cruzando primero la meta. Ayer fue el compañero de habitación del de Mos el que batió a sus tres socios de fuga y cosechó una espectacular victoria con la inestimable e involuntaria colaboración de un Mikel Astarloza que lo dio todo para acabar tercero. «Para ganar tendría que haber llegado solo. Soy muy lento», lamentaba el del Euskaltel.
Al menos durante un tiempo creyó en sus posibilidades. Fue cuando, subiendo el Col d'Agnes con casi cuatro minutos de ventaja sobre el pelotón, la pareja española firmó un pacto: si la diferencia lo permitía, Astarloza se llevaría la etapa y Luis León el amarillo. Para entonces ellos dos y el ruso Efimkin eran los que habían exhibido mejores piernas del grupo de diez que había abierto hueco en las rampas del puerto de Envalira.
Una escapada que el del Caise d'Epargne buscó con ahínco para, como más tarde apuntó Rojas, justificar el papel de su equipo en el Tour. No podía hacerlo ya Pereiro, que al comienzo de la jornada había dicho basta y se había bajado de la bici. El gallego abandonó con la esperanza de que su amigo y compañero de habitación cumpliera con la promesa hecha esa misma mañana: el de Mula pensaba ganar justo un año después de su primera victoria de etapa en un Tour, en Aurillac.
Bajando el Col d'Agnes, un peligroso acompañante alcanzó al trío de cabeza. El francés Casar, veloz en el esprint, cazó al grupo, que mantenía más de dos minutos y medio de ventaja sobre un pelotón en el que el líder Nocentini dejaba hacer al Astana.
La diferencia era suficiente para jugarse la etapa, pero no para que ningún fugado se enfundara el amarillo. Astarloza, que había tirado de Luis León en las rampas más duras de la última ascensión, cuando Efimkin trataba de abrir hueco, se veía abocado a un demarraje a la desesperada. Aguantó los minutos de tonteo, cuando solo él parecía tener ganas de victoria y el resto remoloneaba jugando al gato y al ratón. A cuatro kilómetros atacó, pero la respuesta benefició a Efimkin, que abrió hueco. Con Luis León y Casar mirando a otro lado, de nuevo fue para el del Euskaltel el trabajo sucio. Tan eficaz como inútil.
Hubo final de película en 400 metros. El del Caise d'Epargne exhibió una frialdad infartante. Se colgó de la rueda de Efimkin y se relajó un instante esperando el golpe de Casar. En cuanto asomó el tubular del francés, el de Mula apretó los dientes y, con un alarde de descomunal potencia, aún tuvo tiempo de apuntar al cielo antes de entrar primero en meta. Para su hermano León. Promesa cumplida.