El Celta está empeñado en descender. Lo demuestra con hechos todas las semanas. Por cuarta vez se dejó empatar un partido que dominaba por dos goles de diferencia. Pero los celestes fueron una vez más el equipo de las dos caras. Aseado y efectivo en el primer tiempo, pero esquizofrénico cuando a falta de once minutos Núñez acortó distancias. Eusebio, con sus cambios, ayudó a las granas a allanar el camino. Lo que pudo ser un día de fiesta en el resurgir del celtismo se convirtió en un velatorio. La antesala del desenlace final con que alguien no le remedie.
El primer tiempo del Celta fue un cambio a la efectividad. Un tesoro que llevaba el volandas al Celta hacia el triunfo final. Porque los dos primeros tiros a puerta fueron para dentro. Dinei con su inmensa zancada sacó provecho de la bisoñez de la pareja de centrales del cuadro grana y Ghilas con un magnífico recorte enganchó con celeridad el segundo.
Los dos fueron los protagonistas, pero en realidad el primer gol lo marcó la afición. Balaídos recobró vida en sus gradas y el celtismo tendió el primer puente hacia un triunfo que parecía seguro. Incluso antes del descanso los vigueses estuvieron cerca de cerrar el partido en un par de llegadas.
El segundo tiempo ya fue otra cosa. A medida pasaban los minutos el equipo local fue cediendo en el papel dominante y el Murcia, hasta entonces de vacaciones, decidió dar un paso adelante. Sin embargo la profundidad de los granas era cero.
Hasta que Eusebio comenzó a mover el banquillo, para restar. Saco a Dani Abalo de la derecha y con el flanco se convirtió en una autopista. Sacó a Trashorras y el balón se convirtió en un objeto imposible para el trivote celeste. Por encima, un error de Edu Moya posibilitó a Núñez acortar distancias a falta de once minutos.
Fue marcar el ex celeste y volverse loco el Celta. Tan solo Michu pudo devolver la cordura en un mano a mano que falló. Lo demás fue un carrusel de centros, hasta que el último, el del minuto 94 acabó dentro. De Coz cabeceó solo en el segundo palo. La historia se siempre en grado superlativo y con el Alavés en los talones. Decididamente el partido con los albiazules será una agónica final. ¿Con público?