El portero, el primer delantero

DEPORTES

Aranzubia se convirtió ayer en el futbolista más decisivo del Dépor. Volvió a impartir una clase magistral de seguridad y amargó la tarde a Oliveira. Encajó un gol, obra de Sergio García, pero salvó un par de Mark González y Emaná. A su destacada labor bajo palos añadió una asistencia de más de sesenta metros que dejó a Riki ante el meta rival.

Fue el premio a su puntería, a sus reiterados intentos por montar los contragolpes de su equipo. Minuto 9. Primero, salvó el primer gol del Betis. En colaboración con el larguero, que le devolvió a las manos su propio despeje, atajó un disparo de Oliveira. Pero no se paró a escuchar los aplausos del público. Oteó el horizonte, corrió hacia el borde del área y lanzó un zambombazo con la derecha que puso el balón a los pies de Riki. Ahora era Ricardo el que tenía un problema. El delantero se revolvió y asistió a Verdú, quien casi en línea de gol empujó el primer gol deportivista. Mientras sus compañeros se abrazaban, Aranzubia volvió a correr por el área, pero esta vez de alegría. Saltó con el puño al aire y el grito del gol en los labios.

«No hay secreto. Es confiar un poco en el golpeo de cada uno. Otros porteros no confían en pegarla tan lejos, pero yo me veo capacitado y cuando observo que un delantero está allá arriba tan solo, se la intento poner a él», explica el futbolista del Dépor con modestia. Sus pases para iniciar un contragolpe resultan tan habituales en Riazor como a domicilio. Son ya su marca de la casa. «Los hago desde siempre. Cada uno tiene su estilo propio de juego y para mí es algo que buscas habitualmente», dijo.

El meta explicó que, en su opinión, el camino más rápido para llegar a gol «es el pase al delantero. A veces estos balones se pierden o la coge el defensa o salen por banda y no tienen más trascendencia, pero afortunadamente a lo largo del año creamos bastantes ocasiones de esa manera y hay que aprovecharlo». La velocidad de Lafita y los desmarques de Riki se convierten en los principales destinos de sus asistencias.

Aranzubia acertó ayer, pero en Valladolid un saque precipitado con la mano le valió para entregar el balón a Pedro López, quien le endosó de vaselina el segundo gol de su equipo. El Dépor acabó perdiendo por 3-0. «Al tratarse de pases de tanta distancia, la precisión se pierde y muchas veces van hacia un lado o hacia otro y no van a donde tienen que ir, pero siempre lo vuelves a intentar, porque cuando le pegas bien y sale bien, se crea peligro», insiste el portero con una sonrisa.