Vuelve a palparse en el ambiente el disgusto de los seguidores por el adverso 5-0 del Deportivo en el Camp Nou. La derrota era esperada por el deportivismo pero no en la forma de producirse y no solo por el abultado tanteo sino por la mala imagen. No fueron más los goles porque Aranzubía realizó varias paradas en las que algunas nos recordó (empezando por la del primer minuto) al inolvidable Juan Acuña que por si solo fue capaz de conseguir que el Deportivo, en sus dos primeros partidos en la División de Honor (años 42 y 43) saliera del campo de Las Corts con sendos empates. Volviendo a la noche del sábado y al final del encuentro, Messi dijo lo que todos sabíamos: «Ganamos por cinco pero pudimos marcar varios más?».
Tras derrotas como la del Camp Nou no falta quienes echan mano de malas disculpas afirmando que «si se pierde, da igual que sea por uno que por cinco». No se paran a analizar posibles consecuencias entre una derrota normal y otra abultada que puede influir desfavorablemente en el futuro más inmediato. Veamos al Numancia que jugando con diez hombres cayó por 1-0 en el campo del Sevilla y el gol llegó a 8 minutos del final. Cierto que el Sevilla no es el Barça, pero verdad también que el Numancia tampoco es el Deportivo, superior al de Soria. Mientras uno rozó el empate, al otro se le vio a merced de su rival azulgrana desde el primer minuto de juego. Perdieron los dos, tal como anticipaban los pronósticos, pero mientras los del Numancia salieron del campo con la cabeza alta y sus seguidores consideran a su equipo injustamente derrotado por el árbitro, en las filas del deportivismo no se encuentran justificaciones, salvo repetir eso de que el Barcelona es un poderoso rival. Aquí no se discute su victoria sino la forma de perder que se le vio a su rival coruñés.