Lafita, con la colaboración del portero, y Omar Bravo, de penalti, marcaron para los coruñeses
08 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El partido apestaba a empate hasta que el Málaga se puso generoso. Primero su portero emuló a Arconada en el Parque de de los Príncipes: un balón domesticado lanzado por Lafita se le escurrió a Goitía como si fuese una pelota de playa. Poco después, el central Weligton enmendó una pifia con un penalti incontestable. Así fue como un combate que apuntaba al nulo se resolvió por KO en cinco minutos bobos de los visitantes. El Dépor recogió ambos regalos y le puso el lazo al partido. No hubo contestación del Málaga, desmoronado tras las dos pifias, y Riazor acabó disfrutando entre olés.
Sosa fue la primera mitad, en la que el equipo andaluz trató de usted al Dépor, que se ha vuelto a ganar el respeto a su camiseta. Los visitantes jugaron atornillados a sus oposiciones, con la flexibilidad propia de jugadores de futbolín. Dijo Arsenio que el fútbol es orden y talento. El Málaga tuvo en ese acto inicial orden de sobra, pero le faltó dar rienda suelta al talento que sí tiene. Estuvo a v elas vir , timorato. Al Dépor no le quedó otra que llevar la iniciativa. Apostó casi todo a las dobles parejas en las bandas (Manuel Pablo y Filipe, Guardado y Lafita), y se hartó de lanzar centros, pero por la vía aérea solo consiguió levantar dolor de cabeza a los defensas andaluces. Inquietó más cuando la bajó Verdú, omnipresente durante los primeros veinte minutos: el catalán que rozó el gol con un golpe franco que sacó el portero y con un disparo que se topó con un defensa. Al Dépor, sobrio en defensa y recuperador en mediocampo (donde logró superioridades de hasta cinco contra dos), le faltó meter una velocidad más en ataque. No está Mista para cambiar de marcha, no le da su cuerpo serrano. Volvió a empapar la camiseta, pero también los pañuelos de la afición con sus deficientes controles y su impreciso toque de balón. Aún así, le ganó dos veces la posición a su marcador: una para donar medio gol a Verdú y otra, a un minuto del descanso, con un disparo potente que se fue por unos cuantos palmos. El Málaga replicó con una aparición de Luque entre los indecisos Zé Castro y Aranzubia, que hasta entonces estaba siguiendo el partido desde el palco VIP del área chica; el ex deportivista metió el pie con intención y a punto estuvo de dar un disgusto a su antigua afición.
Tras confirmar por enésima vez que Mista no está para estos trotes, Lotina dio entrada tras el descanso a Omar Bravo, recibido con una ovación de esas que levantan el ánimo. El Málaga salió del vestuario desperezado. En ocho minutos de acoso, Eli sacó un zurdazo con aroma a escuadra, Luque cabeceó sin potencia un centro magnífico y Duda articuló un disparo portentoso. La respuesta deportivista fue la misma: tres manos de santo de Aranzubia, que sigue en estado de gracia bajo palos.
El Dépor replicó a la inglesa, encadenando cinco saques de esquina en dos minutos: Zé Castro, Juan Rodríguez, que se encontró con el larguero, y Omar Bravo pudieron adelantar a los blanquiazules. Pero el gol llegó de la forma más inesperada: el pícaro Verdú provocó una falta, la sacó Lafita para el catalán, que la dejó mansa, y el maño disparó por debajo de la barrera, a lo Ronaldinho. El portero la recibió con manos de mantequilla. A balón parado llegó también el finiquito, logrado por Omar Bravo por medio de un penalti que había provocó en alarde de tesón. Con el mexicano en la mediapunta, Riki arriba, Verdú por la izquierda y Lafita por todos lados, el Deportivo se gustó y ofreció fútbol de altos vuelos.