La federación despide a Pepu por utilizar su cargo para lucrarse

Amador Gómez

DEPORTES

Pepu Hernández, notablemente enfadado, a la salida de la reunión con el presidente federativo
Pepu Hernández, notablemente enfadado, a la salida de la reunión con el presidente federativo SERGIO BARRENECHEA

04 jun 2008 . Actualizado a las 16:02 h.

La guerra entre el presidente de la Federación Española de Baloncesto (FEB), José Luis Sáez, y Pepu Hernández desembocó ayer en la esperada destitución del seleccionador nacional. A dos meses de los Juegos Olímpicos de Pekín, la situación era insostenible entre el presidente y el técnico, cuyo despido estaba anunciado desde la pasada semana, cuando Pepu Hernández no asistió a una reunión convocada para planificar los Juegos que coincidía con una conferencia privada y el entrenador denunció posteriormente una «persecución» por parte de la federación.

Sáez acusó a Pepu Hernández de incumplimiento de compromisos contractuales, de dejación de funciones, de falta de respeto, y de aprovecharse de su cargo y de la imagen de la selección en beneficio propio. Menos de cinco minutos de reunión le bastaron al presidente para comunicar al técnico su destitución. «Me han despedido sin motivos ni razones, pero a partir de ahora se van a construir», sentenció Pepu a su salida de la sede federativa, antes de que Sáez cargase duramente contra él durante una conferencia de prensa en la que ofreció sus explicaciones. «He intentado hasta el final mantener al seleccionador. Hasta que me han puesto la bomba en casa, y no solo una, sino varias veces», aseguró el presidente.

Aíto García Reneses y Sergio Scariolo optan ahora a un puesto sobre el que la federación todavía no ha dicho nada. La FEB espera anunciar «lo antes posible» al sustituto de Pepu Hernández, que ahora deberá trabajar contra reloj para los Juegos y hacer frente a unas dificultades añadidas, consecuencia de la situación de muchas de sus estrellas, caso de Gasol, Calderón, Navarro, Rudy Fernández y Garbajosa.

Tregua ficticia

La tregua ficticia entre Sáez y Pepu, mediante la cual ambos se comprometieron públicamente el pasado 13 de mayo a seguir unidos hasta los Juegos, ha durado menos de dos semanas. El presidente estaba convencido de que Pepu, a quien considera sospechoso de tener un acuerdo con algún equipo (Unicaja o Barcelona), quería forzar su salida de la selección, mientras que el técnico, que admitió estar «profundamente triste», lamenta haber sido víctima de continuas «trampas» para que la FEB encontrase justificaciones a un despido que podría acabar en los tribunales.

La guerra que ambos mantienen desde que Pepu, durante la Final Four, dijo que se iría tras los Juegos, generó un tenso cruce de acusaciones. «No se han hecho bien las cosas», reconoció Hernández, quien estima haber actuado «de la forma correcta» y critica que los dirigentes hayan provocado un ambiente de inseguridad insoportable.

«Ni imbécil ni poltronero»

«Yo no he sido el que ha quebrado esto», se defendió Sáez, insistiendo en que «el reiterado incumplimiento de compromisos contractuales del seleccionador está claro» y recurriendo, en una actitud muy dura, a varios ejemplos: «Me habría gustado que en las dos últimas temporadas hubiese ido alguna vez a ver a los jugadores de la NBA. Pedí informes y en un año me trajo un informe en una hoja. Si se habla en beneficio propio en conferencias, el presidente debe de saberlo, pero se nos han escondido».

«¿Usted piensa que yo soy imbécil?», continuó Sáez, cuya pregunta fue lanzada en tono elevado ante los periodistas. «Yo soy un profesional, no un poltronero», se defendió el presidente, consciente de que la destitución del seleccionador «no es una decisión popular ni cobarde», pero convencido de que era el único camino posible. «Si no la tomo, habría sido mucho más perjudicial para la selección», aseguró.