El Barça se llevó un empate del Sánchez Pizjuán en un extraño partido presidido por las inexplicables decisiones de ambos técnicos. El Sevilla dominó a los azulgrana durante la primera mitad al aprovechar el desbarajuste creado por Frank Rijkaard con su alineación titular. Idéntica situación se viviría en la segunda mitad, después de que el cuadro andaluz renunciase al ataque y permitiese igualar a su rival. A Rijkaard le pesa tanto enfrentarse al Sevilla que convirtió su equipo en un desbarajuste digno de análisis. Iniesta volvió a pagar la obsesión del holandés por frenar a Dani Alves. Esa controvertida decisión, unida a la titularidad de Giovanni, provocó el caos total con Henry como marcador de Poulsen y Messi con una estéril libertad de movimientos. El Sevilla pasó de experimentos. Su fortaleza se fundamenta en su solidez. Esa consistencia que le permite exhibirse como un bloque difícil de quebrantar en defensa y contundente en ataque. La rapidez de Navas y Capel por las bandas y la movilidad de Kanouté y Luis Fabiano por el centro desvelaron todas las carencias azulgrana. Víctor Valdés se tenía que multiplicar para atajar las andanadas locales. Alves, en un par de faltas, Kanouté y Luis Fabiano comprobaron la solvencia del portero visitante. El Barça no tenía respuesta. Un remate de Messi y una pared entre Xavi y Henry eran su pobre bagaje ofensivo. Los azulgrana estaban tan perdidos que el Sevilla lo acabaría aprovechando gracias a un desmarque de Navas que Capel materializó a puerta vacía a diez minutos del descanso. Cambio de tercio El receso despejó las ideas de Rijkaard. Con Ronaldinho y Márquez, el Barça pasó a dibujar un 4-2-3-1. El Sevilla quedó postergado en su propio campo esperando una contra definitoria. Una tendencia a la especulación que le costó muy caro. Después de que Valdés salvase de milagro un gol en propia puerta de Márquez, Xavi empató el duelo gracias al espacio creado por un excelente desmarque de Gudjohnsen que propició el buen pase de Messi. Casi sin quererlo, con más suerte que calidad, el Barça afrontaba el último cuarto de hora con la moral por las nubes. Tras verse contra las cuerdas, los azulgrana se veían con capacidad de lograr la victoria tras la expulsión de Keita. Y estuvieron a un paso de lograrla en un remate de Messi que se paseó por la meta de Palop. Capel también rozaría el éxtasis local con una carrera a la heroica sin premio.