Para el paisano fue el de ayer un domingo feliz. Al filo de las dos de la tarde le pusieron delante un cocido casero, unas filloas de leche con azúcar y su café con gotas, y a las cuatro enfiló el paseo marítimo hacia el campo de Riazor. Una vez en su localidad, encendió un habano (en casa no le dejan fumar) y cuando se deleitaba comprobando lo bien que ardía ¡zas!, el gol de Lopo. Mientras los graderíos saltaban en una explosión de júbilo, el amigo nos confiesa que él buscó con la mirada a Lotina, enviándole un silencioso mensaje de enhorabuena por lo que este gol significaba para el Rubio de Meñaca.
Fue transcurriendo el partido a la vez que también se consumía el habano que, según dijo el paisano, «me duró hasta el segundo tiempo, justo cuando Xisco anotó el 2-0». El Deportivo aumentó su ventaja con un tercer gol, conseguido por Guardado en una espectacular jugada de contraataque. Fue el mejor del partido, incluyendo el conseguido por el Valladolid. Después de cuatro meses, el Deportivo ofreció a sus seguidores un nuevo triunfo en Riazor. Un Dépor no disfrazado por el Carnaval, sino por el reajuste que llevó a cabo su entrenador: firmeza en la defensa, movilidad en el centro del campo para cortar los movimientos creativos del rival, seguridad en el joven portero y disposición para el esfuerzo continuo. Así se logró este triunfo, la suma de tres puntos de oro y unas esperanzas fortalecidas.