Cristian adelantó a los gallegos en el minuto 2, pero Ronaldinho, de penalti, y Xavi marcaron para los culés
10 dic 2007 . Actualizado a las 02:31 h.Aunque ninguna derrota consuela, algunas tienen sabor de esperanza. Hace ocho días, la caída del Deportivo frente al Osasuna había dejado un poso de desesperación, de fatalismo y de «nos vamos a Segunda». Con la derrota de ayer en el Camp Nou, los de Miguel Ángel Lotina dan un paso atrás, pasan del purgatorio del puesto 18 al infierno del 19, solo superan al Levante, la permanencia se aleja un paso más pero, en cambio, el entrenador del Deportivo tiene derecho a dormir un poco más tranquilo que una semana atrás. Sí, se perdió en Barcelona, pero estaba cantado en las apuestas de los más conservadores. Lo que nadie imaginaba era que el Deportivo se iría del Camp Nou mereciendo mejor suerte.
Y no se hizo esperar. Apenas discurrían dos minutos y Cristian colocaba un balón cruzado desde la esquina del área de Valdés. 0-1 y a soñar.
El Dépor se cuidó mucho de justificar que su inesperado gol no era un accidente, y que la vitola de equipo en puestos de descenso es un apellido que no le corresponde. Los jugadores blanquiazules (rojillos ayer) ejecutaron con obediencia espartana la política de ayudas ordenada por Lotina para parar a tanto astro junto. El Dépor obligó así al Barcelona a practicar un fútbol horizontal, mató las líneas rectas de las bandas, borró las diagonales mágicas entre Xavi-Iniesta y Eto'o-Ronaldinho, y obligó a una guerra de guerrillas donde, para ganar un metro, el Barça debía rifar el balón más de lo habitual.
Munúa, sustituto de Aouate con cierta sorpresa, salvó con una mano el lanzamiento de Ronaldinho y, posteriormente, desbarató el barullo de su área concluido con un disparo de Eto'o.
Paro la mayoría de los ataques locales eran tibios y siempre frustrados por anticipaciones de los defensas gallegos, e incluso de Antonio Tomás, del que cuesta creer una inactividad tan prolongada. A las 9.25 horas el entrenador Rijkaard salió del banquillo para dar los primeros gritos. Quince minutos más tarde, el Camp Nou hacía oír las primeras quejas hacia su propio equipo. Porque el Barça perdía su identidad: Zambrotta intentaba lanzamientos sobre Munúa sin apenas ángulo mientras Messi, habitual damnificado de feas entradas, tenía que recurrir él a blocajes ilegales para frenar a un Guardado hiperactivo. El mundo al revés. Y ya que en el cuerpo a cuerpo el Dépor lo ponía imposible con un dibujo infranqueable, las estrellas culés forzaron las fricciones en el área coruñesa para lograr el lanzamiento de los once metros. Así lo reclamó el Camp Nou en una acción de Coloccini sobre Messi, pero sin consecuencias. No ocurrió lo mismo en cambio cuando Iniesta, de nuevo destacado en los culés, se internó por la izquierda y Cristian, esta vez sí, le derribó en el área. Ronaldinho no erró.
El Barcelona se fue a por el partido en la reanudación, pero el Deportivo no se limitó a esperarlo. Practicó la suerte del contraataque de la mano de Verdú, Cristian o Filipe Luis. Incluso Manuel Pablo amenazó los tres palos de Víctor Valdés. En defensa apretó las líneas cuando el balón se movía entre las botas culés, que volcaban el ataque sobre la banda de Ronaldinho para entrar en el área. No obstante, el 2-1 llegó por el otro lado. Una internada de Messi y Puyol por la derecha concluyó con el centro del lateral, el despeje de Munúa y el remate de Xavi, que llegaba sin nadie que le presionara.
Ahí se desfondó el Deportivo, igual que Guardado dos carreras antes. Se acercaba otro morir en la orilla y con un resultado que pudo incluso ser más descorazonador pero los centrales (Piscu madura rápido) mantuvieron las órdenes de Lotina en el vestuario.