Un rapero en la pintura

X.R. Castro

DEPORTES

Varnie, pívot del Gestibérica Vigo, es Marbue en el mundo del rap. Ha grabado un disco, montó su productora y vivió una guerra

01 dic 2007 . Actualizado a las 02:26 h.

Dennis Varnie en la cancha de baloncesto y Marbue en la pista de baile. El pívot americano del Gestibérica es un hombre polifacético y con historias para regalar. Ha vivido la guerra de Liberia en primera persona, ha creado una productora, ha grabado sus propios discos de rap y hip hop, y también, y sobre todo, ha jugado al baloncesto desde sus tiempos en la Universidad de Cal Poly en San Luis hasta la llegada a Vigo, en donde espera celebrar un ascenso.

La prolífica historia de Dennis Varnie (Houston, 1982) comenzó pegada a un balón. En la universidad prometía como jugador de baloncesto, pero después de su paso por los campus de la NBA decidió probar en el mundo de la música. Entonces nació Marbue, una mole de dos metros y 117 kilos enganchada al rap. «En la Universidad tuve la oportunidad de hacer varios campus de la NBA pero en aquel momento me interesaba más la música. Estaba decidido a apostar por la música», recuerda mientras se recrea en uno de sus vídeos que planean por la red.

Pero como el gusanillo de la canasta todavía circulaba por su grandioso volumen, Dennis apostó por dar el salto a Europa. Vichy (Francia) marcó su primera y mala experiencia. Apenas jugaba y decidió volver a casa y recuperar su vertiente discográfica.

Marbue intentó hacerlo a lo grande. Grabando sus propios discos pero también montando una productora de eventos. Y en una tierra en donde las multinacionales lo gobiernan todo un sello independiente tiene poco futuro. Al recordar aquellos tiempos, el jugador comenta que «en Vichy no viví una buena experiencia porque jugaba muy poco, por eso decidí dejar el baloncesto por un año para crear una compañía de música y organización de eventos. Aunque las ganancias fueron buenas al ser un sello privado se necesita una fuerte inversión. Vendes, pero tienes que invertir para promocionar, y hacerlo a nivel independiente es muy difícil».

Por eso se decantó por concederle una segunda oportunidad al baloncesto. De nuevo se convirtió en el pívot Varnie y lo hizo además para firmar sus mejores números en el equipo de mayor nivel en el que ha estado hasta ahora, el Limoges de la ProA francesa: «En la universidad ya había estado a un buen nivel y en Francia jugué un promedio de 23 minutos por partido, con 15 puntos y otros tantos rebotes por partido. Espero que en el Gestibérica me pase lo mismo».

De entrada, a Vigo ha venido solo a jugar y pensar en el baloncesto. «Lo más importante para mí es el baloncesto, la música es una terapia». Esta declaración de intenciones va acompañada de hechos. En todos los lugares en donde ha estado jugando en la última época (en el Solna sueco, el Güssing austríaco y el Ramat Gan israelí) siempre se había llevado su equipo de música para trabajar en casa. En su piso de As Travesas no hay ni rastro de esos enseres: «Normalmente a cada ciudad que voy me llevo un equipo portátil de música, pero en esta ocasión no lo he hecho para centrarme solo en el baloncesto, porque el baloncesto tiene un tiempo de caducidad y la música puede quedar para después».

Racismo en Estados Unidos

El baloncestista asegura que ni en la capital olívica ni en el resto de Europa ha encontrado rastro alguno de racismo. Muy al contrario, esos brotes los ha vivido en Estados Unidos: «El único racismo que he notado ha sido en Estados Unidos», aunque precisa que en España se vive con la inmigración africana algo parecido a lo que sucede con los mexicanos en Estados Unidos: «Antes de venir me he estado enterando un poco».

Toda una declaración de principios para un hombre que ha hecho del baloncesto su gran motivación en la vida y de la música su pasión.