Una de las primeras cuestiones que debería plantearse Miguel Ángel Lotina es por qué un sistema defensivo que funcionaba como un reloj en la temporada pasada deja de funcionar de pronto.
La inseguridad se ha apoderado de futbolistas tan sólidos como Lopo, mientras Barragán es un manojo de nervios en cada acción defensiva.
Tal vez el problema sea más difícil de centrar si uno piensa en la zaga más que en el conjunto del sistema defensivo, pero hay que recordar que a este equipo se le han caído tres ladrillos del muro de contención, pero tres ladrillos internacionales: Capdevila, Andrade y Duscher, todos indiscutibles la temporada pasada.
Y si algo parece evidente es que a este Deportivo le falta un futbolista que para a los rivales por delante de la defensa, un obstáculo antes de llegar a la última línea, porque el centro del campo es ahora un pasillo abierto y de cómodo tránsito para el adversario.