El pacto que entronó a la sueca Klüft

Kiko Novoa

DEPORTES

Su capacidad para alcanzar la gloria es extraordinaria, aunque sea en parte gracias a las tradicionales maneras escandinavas que obligan a pasar inadvertido incluso cuando el nombre de pila viaja pegado a la leyenda. La sueca Carolina Klüft lo hizo ayer de una manera incontestable, y se elevó al cielo de Osaka tras sumar su tercer título mundial consecutivo de heptatlón, arrasando en su paseo ligero por la pista y susurrando al Planeta que su juventud (tiene 24 años) le permite todavía prepararse para metas inimaginables.

pergeñó un pacto con su gran amiga, la británica Kelly Sotherton: «Si tú me ayudas a lograr el campeonato del Mundo, yo te ayudo a que te lleves una medalla». Y así fue. La sueca se pegó a su amiga desde el inicio de la carrera de 800 metros, la última y definitiva para proclamarse campeona del heptatlón. Ambas se aliaron y lograron hundir a la ucraniana Blonska, máxima rival de Klüft en la suma de puntos. La sueca batió así el récord de Europa (7.032 puntos), superando el que poseía la rusa Larissa Nikitina desde 1989 (con 7.007) y sumando su éxito a la colección de campeonatos mundiales (2003, 2005 y 2007), al oro olímpico olímpico en Atenas-2004 y los dos títulos continentales (2002 y 2006).

Klüft, cuyo récord personal era de 7.001 puntos, superó a la ucraniana Lyudmyla Blonska (6.832) y a su amiga Kelly Sotherton (6.510), medallas de plata y bronce respectivamente, ganando además su décimo octavo heptatlón consecutivo.

Un pequeño plan

Sotherton, exultante tras el éxito propio y el de su amiga nórdica, reconoció al diario sueco Aftonbladet que antes de comenzar la última y decisiva prueba habían pactado la estrategia: «Quería ayudarle a conseguir los 7.000 puntos; era nuestro pequeño plan. Después, ambas hicimos lo que debíamos», reconoció. Con este resultado, Klüft se aproxima un poco más al récord mundial de la estadounidense Jackie Joyner-Kersee (7.291), que data de hace 19 años. En la cita de Osaka, la atleta sueca también superó dos récords personales, igualando el de 100 metros vallas (13.15) y batiendo el de altura (1,95 metros).

«Fue maravilloso, aunque hizo muchísimo calor. De todos modos, me gusta correr así. Me siento mejor con este ambiente que con el frío y la lluvia de Suecia», admite la triple campeona del Mundo, si bien reconoce que todos estos días tuvo que soportar «una enorme presión» debido a las expectativas que se habían creado en su país.

Klüft y Sotherton reconocieron tras la prueba de ayer que el plan había resultado «un gran éxito», a pesar de que el mismo no incluía la plata de la ucraniana Blonska. «Carolina es fantástica, una gran deportista que además ayuda a todas sus compañeras. Es una de mis grandes amigas. Haré siempre lo posible para ayudarle, y sé que ella también hará lo mismo conmigo. Aunque la próxima vez pienso derrotarla», sentenció entre bromas.

También la ucraniana Lyudmyla Blonska, medalla de plata, felicitó efusivamente a su rival escandinava: «Ha sido un verdadero honor haber formado parte de este gran récord. Me sabe como si fuera un oro y además he conseguido batir la mejor marca de mi país».

Sin lentillas para comprobarlo

Klüft nunca fue consciente de que había batido el récord hasta el final: «Sólo me di cuenta cuando lo vi en la pantalla. Es más, ni siquiera tenía las lentillas puestas y tuve que preguntarle a las chicas cómo había acabado todo». Por si aún no lo era, Carolina Klüft (Sandhult, 1983) se convirtió en uno de los grandes iconos nacionales, junto al tenista Björn Borg o la esquiadora Anja Persson. Klüft, la joven de sonrisa permanente que sobrecoge por su zancada, vive unida al deporte. Su padre fue jugador de fútbol y su madre, saltadora. Su novio, el pertiguista Kristiansson (que se perdió la cita de Osaka por lesión), se une a tamaña estirpe.