«Yo le inyecté EPO en un brazo»

La Voz AGENCIAS | BERLÍN

DEPORTES

Jef d'Hont, ex masajista belga del Telekom alemán, afirmó haber dopado personalmente a Jan Ullrich en Francia

27 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?no a uno, surgen nuevas confesiones de dopaje que emborronan el panorama ciclista mundial. La última, la del ex masajista del Telekom. Jef D'Hont, que aseguró haber suministrado personalmente a Jan Ullrich sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento deportivo. «En Francia le inyecté EPO en un brazo. Es muy simple, no duró ni diez segundos. Es como inyectar insulina a un diabético», confesó D'Hont, que en el año 2000 ya había sido condenado por el escándalo Festina. «No sé si quería doparse, pero lo hizo porque todos lo hacían», se despachaba sobre Ullrich el masajista en las páginas del dominical alemán Bild am Sonntag. El ciclista, sin embargo, siempre ha sostenido que competía limpio. «No tengo nada que reprocharme, nunca he engañado a nadie», dijo en febrero pasado. D'Hont le exhorta a que confiese «porque le haría bien, se sentiría mucho más libre». Eso sí, no duda de las capacidades de Ullrich como ciclista: «¡Si todos hubieran jugado limpio habría ganado diez veces el Tour!», dice sembrando una sombra de duda sobre los corredores que sucedieron al alemán en el palmarés de la Grande Boucle (él la ganó en 1997). D'Hont le está sacando réditos a su pasado como correa de transmisión del dopaje. Ha escrito un libro que en Bélgica está entre los más vendidos, y saldrá a la venta en las próximas semanas en Alemania. Trama sistematizada D'Hont asegura que el Telekom (escuadra para la que trabajó desde 1992 hasta 1996) organizó una trama de dopaje sistemático con EPO a sus ciclistas a mediados de la década pasada. Hasta ahora, se había negado a dar los nombres de los integrantes de la escuadra rosa que habría hecho trampas, pero su relato ha desencadenado una ola de confesiones. No sólo Bjarne Riis (que entonó el mea culpa y desveló haberse dopado para destronar a Miguel Indurain en 1996), también uno de los mejores velocistas de los últimos años: Erik Zabel. El esprínter germano, cuyo futuro como ciclista pende de un hilo, explica cómo las revelaciones de su ex masajista le animaron a confesar. Zabel vio que su hijo de 14 años leía las palabras de D'Hont, «que había asumido un papel conmigo como de padre», dijo, y pensó que no le quedaba más remedio que contarle la verdad, «para mantener con él una relación decente». Rolf Aldag, ex ciclista y actual director deportivo de Telekom, explica en el mismo periódico, cómo obtenían las sustancias dopantes del Hospital Universitario de Friburgo, «en paquetes de diez botellitas con tapón de corcho». Aldag asegura que creía en la honestidad de Ullrich, «porque era muy joven, y no había vivido nuestras experiencias. No había comprobado cómo contrincantes que habían sido mucho más débiles, de repente, se volvían fuertes». Sucesión de confesiones En Alemania las confesiones se suceden. Tres médicos, que trabajaban en el centro de medicina deportiva más prestigioso del país, en Friburgo, ya han sido apartados de sus cargos por la Federación Alemana de Ciclismo (BDR). El último, Georg Huber, reconoció haber suministrado testosterona a ciclistas juveniles entre 1980 y 1990. Su nombre se suma a los de Lothar Heinrich y Andreas Schmid, compañeros en la misma clínica, y responsables del seguimiento médico del Telekom.