El podio más amargo de Alonso

Toni Silva | env. especial

DEPORTES

El español se salió en la primera curva al atacar a Felipe Massa, ganador final. Hamilton, segundo, es el nuevo y sorprendente líder

13 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Intentarlo no significa conseguirlo. Fernando Alonso tenía la obligación moral de atacar la primera curva de Montmeló. Quizá en Shanghái podría guardar la segunda plaza de la salida para confiarlo todo a la estrategia. O en Monza. O en Interlagos. Pero no en España. Éste es el único gran premio donde 140.000 gargantas le exigen el triunfo. Y él quería brindárselo. Por eso se colocó a rebufo de Felipe Massa, dueño de la pole . Por eso dio un hachazo hacia su izquierda para, casi inmediatamente, reinventar la curva Elf con una ínfima ventaja sobre el brasileño. Pero Massa, por el interior, aguantó el tipo. Las dos cuadrigas contactaron y Alonso abrió un camino por la tierra, una excursión que afectó al rendimiento posterior de su McLaren. Retornó al circuito en cuarto lugar, por detrás de Kimi. El podio era lo único que intentaría ofrecer a su público. En Montmeló se mezclan dos maldiciones: desde el año 2000, quien logra la pole gana la carrera. Y en la última década, el que parte segundo nunca mantiene el puesto. Y ayer Alonso fue víctima de la costumbre fantasmal del circuito. Felipe Massa, ganador en Bahréin, vivió un gran premio placentero para su segundo triunfo del año. Algo escondía Ferrari cuando en los test del viernes y en la matinal del sábado giraba tan lento. Ayer, sólo en las primeras vueltas tuvo la incómoda presencia de Lewis Hamilton, quien se aprovechó de la arriesgada maniobra de Alonso para lograr su cuarto podio y, lo que es más importante, convertirse en el líder del Mundial pese a no haber conseguido todavía su gran sueño, ganar un gran premio. En el paddock se da por hecho que será este año. El podio de Alonso no tardó en llegar. En la novena vuelta, el Ferrari de Kimi Raikkonen tuvo que entrar al ralentí en el box dejando su puesto al asturiano que, por momentos, se vio acosado por los BMW, auténticos buitres al acecho de los errores de los dos grandes. Robert Kubica llegó a colocarse a menos de tres segundos del asturiano, cuando éste gastaba los neumáticos de compuesto más duro. Pero el agobio no duró demasiado tiempo. Sólo un estropicio en los boxes de Ferrari o la entrada de un coche de seguridad podía dar opciones a McLaren. En el primer repostaje Massa se incorporó a la pista con llamas en el coche, los corazones se encogieron pero el fuego no necesitó ni extintor. La suerte vestía de rojo. Con el brasileño rodando en la soledad más absoluta, Alonso era siempre más lento que su compañero, acumulando una desventaja de medio minuto con Felipe y 17 segundos con el inglés. Sólo al final, cuando los dos primeros conservaron el motor, Alonso maquilló el tiempo definitivo. Apenas sonrió en el podio. Había esperado cuatro semanas eternas para resarcirse de su mala actuación en Bahréin. Pero para un bicampeón del mundo un tercer puesto es una consolación casi anecdótica. Además, tras cuatro carreras el ovetense ve cómo Raikkonen no es su rival a batir. El enemigo está en casa. Es el líder. Y se llama Hamilton.