Con Iniesta (11 de mayo del 84) hay un error. Era media punta y lo sigue siendo. Dejó el pueblo, como los toreros para triunfar. Llegó a la Masía con doce años, tras encantar en Brunete con los pezqueñines del Alba, y lo pusieron de cuatro, de Pep. A hacer de compás, de manija. Los medios centros ¿creativos? son uno de los desastres del fútbol. Atrás sólo quiero amores perros que muerdan en los tobillos del rival, un Makalele, o a Schuster y Luisito Suárez, si volviesen a jugar. El talento, esa moneda escasa, mejor del medio campo para arriba. E Iniesta, el de Fuentealbilla, suda Chanel. Gol mágico Bobby Charlton le vio marcar el gol imposible en el teatro de los sueños. Metió la bola por donde lo hacen los mejores. Por donde la colaba el beatle del fútbol, Best. Dicen que le falta gol a Iniesta. Le falta por culpa de los que lo alejan del desembarco del área. El chaval tiene de todo: es de derechas y de izquierdas, milagro escaso. Dribla, finta y da esplendor. Es eléctrico, uno de los McLaren del Barça en el sprint de 25 metros. Con el balón en los pies es fugaz, sólo Messi y Eto'o tienen esos vatios. Debutó en Brujas, con la blaugrana; y contra Arabia, con la roja. Tuvo mucho que ver con el título de Liga. Salía como suplente, pero era el primer cambio, gracias a Dios. 37 veces sobre el prado. En la final de la Champions, Rijkaard apostó por el acorazado Van Bommel y dejó la bola mágica de Iniesta en el banco. Apagó una luz. Guardiola le dijo a Xavi: «Tú me jubilaste a mí, pero éste te jubila a ti». Ojalá que no. Iniesta tiene que jugar por delante de Xavi o, mejor, de Deco. Que lo haga atrás es un disparate. Él lo sabe y dice que le gustaría parecerse a Laudrup. Puede ser el Laudrup español, el que nunca tuvimos. Le falta mal carácter. El fútbol es de pillos. Con su buen rollito, termina lesionado. Camacho dice que pagaba los 60 millones de la cláusula. Tiene la edad de Cristiano Ronaldo, los dos patitos. Pero éste es el patito feo que será cisne. Si lo ponen arriba abrirá bocas de asombro, no para bostezar. Resumió así su gol: «Llegué, controlé y le pegué», veni, vidi, vici. 1,69, 64 kilos, menudo jugador. Los 1.846 vecinos de Fuentealbilla pueden estar orgullosos. Si fuese un óleo, sería un Bacon, porque descompone a los defensas y lo quieren comprar todo el mundo. Ya está en un museo: el de Old Trafford, junto a Best, Charlton y el Redondo taconazo.