Un gol de Arizmendi da la cuarta victoria al Deportivo frente al Atlético y el equipo coruñés se coloca segundo de forma provisional
22 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Riazor sigue siendo inexpugnable. Cuatro visitantes se han estrellado en A Coruña con las huestes de Caparrós. Ayer, el equipo que en más apuros le ha puesto se fue de vacío por su falta de profundidad y por convertir un partido que tenía dominado en un choque táctico. Arizmendi, en una falta sin aparente peligro, colocó un centro envenenado al que Leo Franco no respondió. Fue casi todo el bagaje ofensivo local. Suficiente para colocarse en el grupo de cabeza. Casi nada fue ajeno a lo esperado, a dos grupos diseñados a imagen y semejanza de sus técnicos. Deportivo y Atlético son dos caras de la misma moneda, dos ejemplos de en lo que se ha convertido la Liga de las estrellas, una competición que parece haberse decantado definitivamente por el perfil más físico, por el sudor y no la delicadeza. Nada queda al azar, la primera obligación es que el rival sienta el aliento ajeno en el cogote durante los noventa minutos. Y a ello se aplicaron Dépor y Atlético. A lo rojiblancos les iba bien con controlar el juego y como el equipo coruñés no se siente incómodo sin la pelota, el primer tiempo se convirtió en un monólogo visitante, sin fruto porque careció de profundidad y porque sus delanteros estuvieron más preocupados de frenar las incursiones deportivistas que de poner en apuros a Aouate. Y eso que la temprana lesión de Mista dio la oportunidad para que Agüero saltara al campo. Ni así. Malos tiempos para los estilistas, sólo indispensables cuando el asunto se tuerce. Un rival poco efectivo Para Aguirre, como para Caparrós, lo importante es no perder la posición, y su equipo toca y toca, juega con seriedad, dominó prácticamente todo el primer tiempo, pero fue incapaz de hacer efectivo su mando. Un remate de cabeza de Mista y un par de disparos lejanos a los que Aouate respondió con dificultades fueron las ocasiones de los rojiblancos. Muy poco para tanto dominio en el centro del campo. El Dépor, menos. Recibió de su propia medicina y exhibió otra vez su escasa predisposición al ataque. Juan Rodríguez y Riki pusieron a prueba a Leo Franco. Escaso bagaje para un equipo que juega al abrigo de su estadio y que sólo perdió el respeto a su rival en el tramo final de la primera parte. La entrada de Verdú por un gris Sergio fue toda una declaración de intenciones de Caparrós. Con el catalán, el Dépor al menos tuvo más voluntad de presentarse en la portería rival. Un poco de aire fresco en medio de tanto sudor. El partido se abrió algo más en la la segunda parte. Cuando escasean las fuerzas aparece el talento, con cuentagotas, pero talento al fin. Aouate respondió a Torres con un par de brillantes actuaciones en la segunda parte. Fue todo el balance ofensivo visitante. El Atlético, más que atacar, se defendía con el balón en el campo del Dépor. Dominaba, pero le faltaba profundidad y chispa para abrir un partido en el que todos firmaban tablas antes del inicio. El Dépor se comportó más como el equipo que ha sumado un punto lejos de su estadio que como el conjunto ambicioso que había firmado un pleno en Riazor. Arizmendi en una falta lateral sin aparente peligro desatascó el partido y la noche se animó. En parte porque el Dépor se echó atrás y cedió todo el campo y en parte porque Aguirre, con el marcador en contra deshizo el trivote. De Agüero, sin noticias en un Riazor que se acostumbra a ganar.