Horas y kilómetros de trabajo. Nada queda al azar. Todo lo que se puede controlar antes de una carrera está absolutamente medido
17 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Esta semana las escuderías Renault, Honda y Red Bull han estado en Jerez preparando el gran premio de China. La elección no fue casual. Es el circuito que más se asemeja al de Shanghái. El equipo de Fernando Alonso y Giancarlo Fisichella desplazó hasta la localidad andaluza un contingente de doce camiones, unas siete mil piezas y más de medio centenar de operarios, lo habitual. Son los que están a pie de pista, porque para Renault Fórmula 1 trabajan ochocientos empleados, quinientos en el centro de Enstone y trescientos en el de París. Un equipo de telecomunicaciones, instalado al efecto, permite el intercambio de información, vía satélite, con las sedes de la escudería. La huella de la ciencia, presente por doquier, se hace especialmente patente en el área reservada a los técnicos de Elf, la firma que suministra el aceite y el combustible. Recuerda a CSI por los tubos de ensayo y los medios. Una muestra de aceite debidamente tratada en una máquina que por fuera parece un microondas no facilita el ADN del coche pero permite saber si el grado de fricción de las piezas del motor es el adecuado o hay un desgaste fuera de lo normal. Las facilidades dadas a la comitiva organizada por la Mutua Madrileña para ver sobre el terreno cómo trabaja la escudería son máximas, pero también hay restricciones. Las fotos están prohibidas, prohibidísimas, en cuanto asoma el motor. Para muestra, las paradas de Fisichella en boxes. En la primera estuvo unos diez minutos para refrescar los líquidos del motor. Mientras la máquina hacía su trabajo, el piloto apenas pestañeó. Casi se le podía tocar. En la siguiente escala, la misma rutina. Hasta que tocó examinar el motor y dos empleados parapetaron el coche tras un gran panel. Los neumáticos usados también están a salvo de las cámaras. Los nuevos esperan debidamente ordenados y embalados a una temperatura unos grados por encima de la ambiental. En cada rueda hay unos 150 componentes. Los cientos de vueltas dadas al circuito de Jerez permitirán a los pilotos, en sintonía con el jefe de equipo, Pat Symonds, elegir la mejor combinación. Del acierto pueden depender décimas, segundos e incluso la victoria. Detrás quedarán horas y kilómetros de trabajo. Y así en cada gran premio.