Apostando por una mentira

DEPORTES

UN MUNDIAL LO gana siempre un buen equipo, formado por excelentes futbolistas y con una o varias grandes figuras. En Corea y Japón, a pesar de la extravagante decisión de nombrar como mejor jugador del torneo al guardameta alemán Oliver Kahn, el campeonato ya es recordado por el Brasil de Ronaldo y Rivaldo. Cuatro años antes, en Francia, el rey indiscutible fue Zidane. Y si seguimos retrocediendo en el tiempo veremos que quienes han ganado los mundiales han sido Brasil, Alemania, Argentina, Italia... Y que en esos equipos jugaban tipos como Maradona, Romario, Bebeto, Beckenbauer, Müller y, cómo no, Pelé. Fueron selecciones con empaque, sólidas en lo físico y en lo técnico. Y todas ellas con el plus añadido de una figura de primer orden mundial a la que se encomendaban cuando las cosas se ponían tiesas. En España no somos ajenos a esta realidad. La asumimos. Tenemos muy buenos futbolistas en la selección, sólo nos falta encomendarnos a nuestra figura, cosa que todavía no existe. Y aquí comienza el disparate a la española. Luis Aragonés está empleando muchas de sus energías en convencer a su plantilla, a los periodistas, a la afición y al propio Raúl de que el madridista es nuestro futbolista franquicia. Aragonés nos está diciendo que España va a depender en buena medida de lo que haga un jugador que ante Egipto metió su primer gol desde octubre del 2005, que lleva dos años mediocres y que en las grandes citas de selecciones se ha comportado como un futbolista del montón. Nos la jugamos a una mentira. La pretenciosidad es lo que ha marcado hasta la fecha la historia de España en los mundiales. Pensar que Raúl liderará a la selección hacia el éxito en Alemania es, precisamente, un ejercicio pretenciosamente español y técnicamente irresponsable.