Reportaje | El entrenador del líder visto por su entorno | Luis César es para la prensa de Tarragona el escaparate de la plantilla catalana; para la afición, el único técnico de los últimos tiempos al que no han hecho la vida imposible
16 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Catorce partidos sin conocer la derrota, 9 victorias y 2 empates en sus últimos 11 encuentros a domicilio y sorprendente líder de Segunda División. El Gimnàstic de Tarragona, sesenta años después, tiene al alcance la mano el ascenso a Primera División. El protagonista de la meteórica marcha tiene acento gallego: Luis César Sampedro (Vilagarcía, 1966). Junto a Miguel Ángel Rubio (Lleida), es el único técnico de Segunda que conserva el puesto desde la campaña pasada. Mérito de la séptima plaza de entonces y de la espectacular marcha de la actual. Pero Luis César no sólo es el entrenador que puede llevar al octavo presupuesto más bajo de la categoría al ascenso, es, además, la imagen del Nàstic, el emblema de un club que lo ha convertido en su icono mediático. «Desde que llegó ha tenido un papel reconocible. Un cartel suyo protagonizó la fiesta de la permanencia y representa la brillante trayectoria del equipo», sostiene Carlos Izquierdo, periodista del Diari de Tarragona . Y eso que la posición de los entrenadores nunca ha sido cómoda en Tarragona, como reconoce Carlos Martínez, Carlitos , presidente de la federación de peñas: «Al último que nos ascendió lo echamos al final de temporada después de haberle pitado durante todo el año. Esta plaza nunca ha sido fácil, pero con Luis César ha sido diferente. Se ha ganado nuestra confianza». Carlitos reconoce que lo recibieron con un cierto recelo, «era muy serio, parecía hasta antipático y algo distante, sobre todo con los jugadores, pero no tiene nada que ver. No se casa con nadie, exige y trabaja; y los resultados están ahí». El sábado, 6.500 seguidores del conjunto catalán vivieron en directo la conquista del liderato de su equipo en los Camps d¿Sports de Lérida. Después del encuentro, varios centenares saludaron la salida de su equipo al grito de «¡Luis César, quédate!». «La afición lo adora -afirma el periodista Quim Pons, de Tarragona Radio -. A veces he sido muy crítico con algunas de sus decisiones, pero sus resultados son incuestionables y ha promocionado la imagen del club. Es el más mediático de la plantilla». Carlos Izquierdo corrobora la impresión de su colega: «Se le perdonan cosas que a otros no se le han perdonado, pero es que además ha calado entre la afición», hasta el punto de que ha protagonizado un par de campañas del club en las que imita al calvo que reparte suerte en el sorteo de la Lotería de Navidad». Una silueta de Luis César preside el balcón de bar Petit Tarraco , sede de la federación de peñas y uno de los locales que el gallego frecuenta. «Aquí habla con todos de fútbol. Ahora, cuando lleguen al mínimo de 50 socios, le van a dedicar una peña. Se lo merece», dice Carlitos. Tres semanas atrás, el presidente del Nàstic, Josep María Andreu, abrió la veda para hablar de la renovación de Luis César, pero ahora el asunto parece aparcado. Carlitos se teme lo peor: «Mira, si a estas alturas, con lo que ha hecho, no está firmado, es que hay algún problema. Pase lo que pase, le estaremos siempre agradecidos. Hemos disfrutado con él, nos ha hecho vibrar y nos ha puesto arriba». La prensa también tiene la mosca detrás de la oreja. Para Carlos Izquierdo, «debería continuar, por su trayectoria y porque se lo merece, pero no parece claro». Y es que los medios intuyen una cierta incompatibilidad con el secretario técnico, José Sicart. «Si se va, la afición lo va a sentir mucho», intuye Izquierdo, quien define el fútbol de Luis César como «muy táctico, quizá no demasiado espectacular. Le gusta presionar al rival e ir a buscarlo a su campo. Los resultados están ahí». La temporada pasada, el técnico recibió críticas por los goles que recibía su equipo en jugadas de estrategia. En la actual, el Nàstic no ha dejado de sumar a balón parado. «Trabaja horas y horas la estrategia», concluye Carlos Izquierdo para reafirmar la capacidad del único entrenador que ha contado con el favor de una grada muy exigente.