Ofreció una imagen muy floja en la derrota ante el Buducnost
09 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Necesaria por aquello de entrar en la UEFA, pero una pequeña tortura para el espectador acostumbrado a otros torneos. Así es la Intertoto, un muermo. Otro tostón importante permitió al Deportivo salvar el trámite y meterse en la siguiente ronda, pero no sin sufrimiento. Después de tres semanas de trabajo no se pueden pedir milagros, pero tampoco hay que engañarse: la verdadera diferencia de la eliminatoria entre este Dépor y el Buducnost no estuvo en la mayor calidad de los coruñeses, sino en el portero suplente del conjunto montenegrino. Sus errores en Riazor fueron el factor determinante. Es probable que lo que se vio en Pogdorica esté bastante lejos de lo que pretende Caparrós. Sobre todo si se tiene en cuenta que el técnico no se conformaba con un planteamiento defensivo y exigía unos argumentos arriba que apenas existieron. Las ocasiones acumuladas por el Dépor se debieron más a fallos del adversario que a una búsqueda organizada. Quizá porque a Scaloni y Acuña les costó hacerse con el mando del centro del campo en un mal día de todo el equipo. El técnico quiere ver maniobrar al capitán en ese tremendo agujero que ha dejado Mauro Silva, donde no rindió a mal nivel la temporada pasada. En cuanto a Acuña, la verdad es que la afición blanquiazul ni se acordaba de cómo jugaba. El paraguayo intentó serenar el fútbol del equipo, pero tal vez se lo tomó con excesiva parsimonia. Con el paso de los minutos, el control del partido fue cayendo del lado del Buducnost (mayor posesión), que consiguió mover bien a un Deportivo a veces excesivamente retrasado. Pero la inocencia ofensiva de los montenegrinos permitió a la defensa blanquiazul controlar la situación sin demasiados apuros hasta que llegaron los tantos. En el primero, un error de los gordos dejó libre de marca y dentro del área al máximo goleador del Buducnost. En el segundo, Manuel Pablo y Romero, juntos, no fueron capaces de impedir que el extremo sacase un centro casi desde el córner, rematado también si oposición. La contundencia que quiere Caparrós no se vio por ningún lado. En el plano ofensivo también se esperaba más del Dépor. Es cierto que agradó la movilidad de Munitis como segundo delantero y que Víctor se empleó a fondo para buscar centros desde la derecha. Pero se echaron en falta argumentos colectivos en ataque. No se vio una intención de conjunto, y aunque todavía sea pronto para grandes logros, Caparrós quería mucho más a juzgar por lo que dijo en la rueda de prensa anterior al partido. En descargo del equipo y de la pobreza del envite hay que resaltar los más de 30 grados y la humedad que había en Pogdorica durante el encuentro, lo que impedía un despliegue físico excesivo. Tampoco hubo esta vez un revulsivo que dinamizase el equipo, un cambio de peso, lo que sí había sucedido en Riazor con la irrupción de Iván Carril, que ayer no estuvo fino. Un poco de sal para el canterano después de tanto azúcar.