Raikkonen ganó en Mónaco y el asturiano cayó al cuarto puesto por el desgaste de sus neumáticos tras la decisión de su equipo de cargar el coche de combustible
22 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Mónaco capturó ayer la foto más rara de la fórmula 1 del 2005. Dos Williams en las esquinas del podio y, sobre todo, Alonso ausente. El asturiano se había convertido en un inquilino perenne del cajón en todo lo que va de Mundial. Con o sin himno español, Fernando siempre se marchaba de los circuitos después de rociar de cava a sus compañeros de Renault. La cuarta posición en el núcleo monegasco puede digerirse como un paso atrás en su camino hacia el título de mejor piloto. Pero Alonso tuvo que competir en inferioridad de condiciones cuando rodaba segundo por culpa de la pésima estrategia seleccionada por la escudería francesa, que le dejó sin neumáticos en la últimas diez vueltas. Ayer fue el peor día de Alonso en el 2005 pero, aún así, arrancó cinco puntos de Montecarlo. Y un mal día de Schumacher o Raikkonen suele acabar con abandono. Ésa puede ser la diferencia que le dé al asturiano la corona de campeón. Pero, por el momento, Alonso debe prevenirse de Raikkonen. El finlandés fue el ganador indiscutible desde la jornada sabatina de calificación. McLaren tiene perfectamente engrasado hasta el último tornillo y ni el mejor Renault puede seguirle. El español intentó superarle en los metros iniciales con un volantazo a la derecha, pero la estrechez del asfalto de Mónaco ha condenado a este Gran Premio a ser una sucesión de fila india con periódicos sobresaltos mecánicos que animan la carrera. Raikkonen tomaba una ligera ventaja cuando un accidente provocado por Albers paró la carrera con la entrada en pista del coche de seguridad. Fue entonces cuando Briatore y los suyos tomaron la peor decisión de la semana: llenaron de combustible el monoplaza del español para ahorrarse veinte segundos en un posterior ingreso a boxes. Pero al Renault le quedaban cincuenta vueltas por delante y se movía con la ligereza de un tanque militar. McLaren obligó a Raikkonen a apurar la última gota de gasolina hasta quince vueltas más tarde. Entonces ya sumaba una ventaja suficiente para repostar con toda tranquilidad. Salvo avería, el finlandés ya tenía en el bolsillo su cuarto triunfo (segundo consecutivo). Los últimos puestos que permiten sumar puntos eran los más animados. Trulli conseguía adelantar por el piano a Fisichella en la curva de Loews, y Montoya remontaba posiciones gracias a la estrategia de McLaren. Pero por delante, Alonso pasó de perseguidor a perseguido. Los dos Williams le demostraron que el Renault tenía los neumáticos muy castigados por el peso de la gasolina. Aunque al asturiano le constaba que tanto Webber como Heidfeld debían repostar. Así lo hicieron. Pero pocos minutos después, ambos volvían a verse en el retrovisor del Renault. Alonso defendió los estrechos huecos del circuito, pero sus gomas no estaban para apurar la frenada como el alemán Heidfeld, y éste le adelantó a la salida del túnel a siete vueltas del final. Webber lo intento más tarde, pero Alonso atajó en la chicane y mantuvo la tercera plaza. Pero a cuatro vueltas, el asturiano ya era cuarto. Era el turno de Montoya. Desplegó su pilotaje abrupto, pero Alonso se defendió bien. Los cinco puntos supieron a gloria. Ya los hubiera querido para sí el mismísimo Michael Schumacher.