Hooligans del ciclismo

La Voz

DEPORTES

«Al final de aquella etapa, un individuo nos llamó vagos. ¡Era el colmo! Lo pusimos a caer de un burro. Poco después, llegó la Guardia Civil. El tipo nos había denunciado»

22 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

A quien le parezca que el ciclismo es un deporte a salvo de hooligans y que realmente es tan tranquilo como aparenta en las retransmisiones televisivas, que escuche esto: Hace cinco años, en un final al esprint de una etapa de la Vuelta a Castilla y León, estábamos tirando a tope para lanzar a Ángel Edo, con cuarenta grados de calor, a doscientas pulsaciones, y con una tensión tremenda. Bueno, pues estábamos lanzando a Edo y Sánchez de la Rocha y yo ya habíamos hecho lo nuestro, por lo que nos dejamos caer a un lado del pelotón, para que otros compañeros de equipo hiciesen lo mismo. Y cuando aún no nos habíamos recuperado del esfuerzo, vemos cómo un aficionado salta al medio de la carretera y nos grita «¡Vagos, que sois unos vagos!». El colmo, vamos. Así que primero le dijimos que se callara, pero luego nos calentamos y le llamamos de todo. Lo pusimos a caer de un burro... y seguimos pedaleando. Después de esquivarlo, claro. Pero resulta que aquel señor se dio por ofendido y se quedó con nuestros dorsales. Y encima nos denunció a la Guardia Civil. Esa misma noche se presentó una pareja en el hotel para informarnos de la denuncia. Incluso querían subir a las habitaciones, pero Álvaro Pino los detuvo. Y, según nos contaron a la mañana siguiente, todos con la sonrisa en la boca. Como la gente que nos veía ir a declarar (yo fui cuatro veces) al juzgado. Por suerte, todo quedó en nada y cuando lo recordamos nos reímos mucho (como todo el mundo) pero es un papelón tener que seguir un juicio por correo y esas cosas. A nosotros nos ayudó nuestro mánager, Joan Mas, que era abogado. Y el juez desestimó castigarnos porque consideró que en esas circunstancias existían los atenuantes de la provocación anterior y de que nuestros insultos se tomaron como palabras coloquiales. Hay cada persona más rara en esto del ciclismo.. aunque quiero dejar claro que es la excepción. Ahora me vienen a la mente otros episodios con aficionados chiflados. Hay mucho radical. La gente no sabe que cuando vas en pelotón, al primero lo aplauden a rabiar, sobre todo si es Lance Armstrong, pero cuando llegan los últimos hasta les abuchean o les insultan. Si pudiésemos ir los ciento sesenta todos juntos je, je... Asturias y Santander son los peores lugares, porque hay una afición más arraigada al ciclismo profesional. Los seguidores se ponen como locos. Y te lanzan cosas. A mí, en Andalucía me tiraron aceite de oliva. Si te cae encima, vas con un olor de miedo, pero es que a mí me entró por la boca y lo pasé mal. La gente va de merienda, se calienta con el paso del pelotón y te tira lo primero que tiene a mano. En La Rioja, vino; en Asturias, sidra; en otros lugares, pan con queso... qué se yo. Otra cosa con la que hay que tener cuidado (también entrenando) es que la gente no controla la velocidad a la que vamos. Como nos ven en bici, se creen que vamos de paseo y la verdad es que vamos a mil. Y, cuando les da por ocupar la carretera para apartarse en el último momento, pasa de todo. En los puertos, como vamos más despacio, no pasa nada. Pero en el llano ves que la multitud se aparta y que se queda un niño o un anciano rezagado. ¡No les da tiempo a apartarse y se dejan al abuelo ahí, temblando! Ya digo que hay personas muy raras en las cunetas de las vueltas ciclistas... Texto transcrito por Pablo Gómez