Un campeón al desnudo

La Voz

DEPORTES

«La pasada temporada un lamentable despiste me llevó a correr sin ropa por los pasillos de un hotel de Manchester cuando estaba concentrado para disputar una prueba de la Copa del Mundo»

28 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El año pasado, cuando quedaban cinco o seis semanas para que se celebraran los Juegos de Atenas, fui a Manchester para disputar una prueba de la Copa del Mundo. Nos desplazamos a Inglaterra Javi Gómez Noya, Xavi Llobet, Clemente Alonso y yo. Viajamos en un vuelo cómodo, directo desde Madrid. Bajamos del avión a eso de las cinco de la tarde y comprobamos que hacía mal tiempo, pero llegamos al hotel y decidimos correr un poco. Nos abrigamos bien y salimos. Al volver, Javi se fue a su habitación y yo me dirigí hacia la mía. Recuerdo que era la primera empezando por la derecha y además había dejado la puerta abierta para despreocuparme y no llevarme la llave ni nada. Compartía cuarto con Llobet. Abrí la puerta y vi allí una bolsa de patatas fritas y una chocolatina. Me dije a mí mismo, «¡qué enrollado el Llobet, que se trajo alguna comida!». Total, que abrí las patatas fritas y me puse a comer. Me desvestí, y dejé la ropa por ahí esparcida, como suelo hacer: los zapatos por un lado, el reloj encima de la cama... Me metí en la ducha. Allí había un champú distinto al del hotel y pensé: «¡Cómo está el Llobet, que ha comprado hasta jabón!». Y me duché, todo contento. Al salir del baño, de repente, me di cuenta de algo preocupante. Mi bicicleta no estaba allí, donde la había dejado. ¡Me habían robado la bici, que vale unos 4.000 euros! Me asusté mucho. Miré por toda la habitación y vi que tampoco estaba mi maleta. ¡Vaya robo! Pero, al momento, reparé en el hecho de que tampoco estaban allí ni la maleta ni la bicicleta de Llobet. Y fue entonces cuando llegué a la conclusión de que ¡me había equivocado de habitación! Quedé tan impactado por mi propio error que me asusté, salí de la habitación, cerré la puerta y me quedé en pelota en el pasillo. Entonces, me fui corriendo a mi habitación real y comencé a dar golpes en la puerta gritando: «¡Llobet, abre, que estoy en pelotas!». Menos mal que no había gente en el pasillo y que nadie pudo verme. Llobet abrió la puerta y flipó al verme desnudo gritando. Imagínate que estoy en la habitación y aparece por allí el huésped auténtico. Por eso escapé de allí corriendo, pensé: «Como venga un inglés de esos grandotes y se enfade...». Pero lo peor es que después tuve que explicarle a la chica de recepción todo lo que me había pasado chapurreando inglés y gesticulando. Tardé bastante, porque a ella le parecía un poco raro lo que le estaba contando, un poco fantasmada. Era normal. Cuando yo me di cuenta de mi error, tampoco me lo podía creer. Pero tenía que recuperar las cosas que me había dejado en la otra habitación. Tuve que decirle cómo eran el reloj, las zapatillas, recordar los colores, las marcas... todo, para demostrar que lo que yo decía era verdad. Después ella subió a la habitación, cogió las cosas, comprobó todo y me las devolvió. Fue muy fría, no se rio en absoluto. Si esta situación se hubiera producido en un hotel español, no puedo ni imaginarme las bromas que habrían hecho los de recepción a mi costa. Fui la comidilla en Manchester. Y todo por haberme equivocado de planta y de habitación. Había quedado para comer con Javi y Llobet y ellos alucinaban con lo ocurrido. Se enteraron todos, desde los padres de Javi hasta Andreu Alfonso, el director técnico de la federación española. Mis despistes antes de una prueba son algo muy habitual. Tengo ganas de competir y el nerviosismo propio antes de una carrera, pero estoy tan concentrado que casi no le doy importancia a temas como horarios y asuntos de este tipo. Y, al final, siempre voy ir con prisas y llego tarde para situar la bicicleta en boxes o se me olvida el esparadrapo para colocar las zapatillas en los pedales. Es curioso, pero si se me olvida algo, eso quiere decir que la cosa va bien, que estoy concentrado. Eso algo muy típico de mí.