El Barça acumuló su primera derrota como local tras caer ante el Atlético, que aniquiló la imbatibilidad azulgrana en el Camp Nou en un partido decidido en el primer minuto.
06 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Los hipotéticos planteamientos iniciales se fueron al limbo a las primeras de cambio. Un taconazo de dibujos animados de Ibagaza lo cerró Fernando Torres con un gran control y un medido disparo. Minuto dos. Los adversarios escogen su papel. El Atlético a verlas venir. El Barça a buscar la remontada con más coraje que inteligencia. Dentro de este escenario los colchoneros se movieron a las mil maravillas. El Atlético apretaba las líneas de creación siempre partiendo de la fortaleza inexpugnable que mostraban sus dos centrales. Además, el Barça chocaba una y otra vez con su ansiedad y con los constantes errores en el pase, sobre todo de Márquez. Falta de ritmo A los locales les pesaba sobremanera la falta de ritmo que su rival imprimía en todas sus acciones. Y cuando lo intentaron el Atlético frenó el crecimiento de su adversario con constantes faltas que Mejuto González no acertó a cortar. En cambio, el árbitro asturiano estuvo correcto al no señalar dos posibles penas máximas cometidas sobre Eto'o y Sosa. El Barça volvía a las andadas. Perea y Pablo se imponían con claridad a Eto'o y Ronaldinho exhibía su calidad muy alejado de la portería contraría. Menos mal para los azulgrana que Valdés acertó a despejar un remate de Torres que ya se colaba en la meta local. El remedio, como ante el Sevilla, estaba en el banquillo. El Atlético había fundido los plomos del partido y el Barça necesitaba reactivarse. El escogido para cambiarle la cara a su equipo era Albertini. La entrada del italiano tampoco cambió la dinámica. El Barça ofrecía una imagen deslabazada. Poco criterio y nula capacidad de remate. El Atlético seguía a lo suyo. Pasando del ataque y muy correcto en defensa. Pasan los minutos. Rijkaard explota la vía Iniesta. La jugada estuvo a punto de ser magistral si la locomotora Perea no se cruza en el momento justo para birlarle el remate al recién entrado. Divina justicia Un destello de Eto'o puso contra las cuerdas a Mejuto y a su asistente. Perea pisó al camerunés fuera del área, pero esta vez la divina justicia quiso que Ronaldinho errase la pena máxima. El golpe era de envergadura. El Barça estaba desquiciado ante un Atlético que seguía apagando el partido sin preocuparse del ataque salvo en un remate de Gronkjaer solventado por Valdés. Rijkaard opta por la vía Maxi. El tiempo apremiaba y el Barça seguía perdido. Un estado que ya no cambió hasta el pitido final de un Mejuto que se atrevió a pitar desde el centro del campo una inexistente pena máxima de Valdés a Torres que el 'Niño' no desaprovechó ante la pitada general de un Camp Nou cariacontecido.