El Mallorca consiguió romper el fortín en el que se había convertido La Romareda desde el inicio de liga, al lograr la victoria sobre un Zaragoza muy distinto al de encuentros precedentes, triunfo que permite a los insulares aliviar la apurada situación en la que se encuentran. El conjunto aragonés contaba sus partidos por victorias en su estadio, y con goleadas además, y frente al colista perdió su magia y su fútbol alegre y vivaz, no sólo por deméritos propios sino por la buena labor de contención del equipo que dirige el argentino Héctor Cúper, que le cerró todos los accesos a la portería defendida por el meta holandés Sander Westerveld. Si bien el conjunto maño subió notablemente su rendimiento tras el descanso, después de una primera parte nefasta, al Mallorca le valió simplemente con estar bien situado y seguir al pie de la letra la receta de su entrenador, orden y seguridad defensiva, para llevarse la primera victoria que se escapa del terreno de juego zaragocista esta temporada. El conjunto aragonés se mostró excesivamente lento y espeso en la concepción del juego en la primera mitad, ante un Mallorca bien plantado sobre el terreno de juego y que trabajó bien en defensa. Además, el Real Zaragoza careció de la velocidad y explosividad que ha mostrado en otros encuentros en su estadio y no supo progresar por las bandas al área del equipo insular, por donde ha llegado habitualmente el peligro del conjunto de Víctor Muñoz cuando juega de local. Error defensivo En su lugar, se dedicó a buscar la ocasión de peligro en las jugadas de estrategia y a colgar balones desde demasiado atrás, lo que facilitaba la labor de la línea de cobertura bermellona. Todo comenzó y terminó en el minuto 20: un grave error del defensa Milito habilitó a Luis García para marcar el único tanto de la contienda. Lo demás fueron fuegos de artificio.