El entrenador argentino cierra su mala experiencia en Italia al fichar por el Real Mallorca, su primer destino en el fútbol europeo y el club en el que triunfó hace un lustro
02 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El Mallorca y Héctor Cúper volvieron a unir ayer sus destinos buscando reeditar los éxitos que juntos tuvieron, entre 1997-1999, y que significaron la salida del técnico argentino en busca de mayores retos. Dar un paso atrás para coger impulso y seguir hacia delante es considerado por muchos una buena solución, o eso es lo que han creído en el Mallorca, que vuelven a ponerse en manos de Cúper para sacar adelante un equipo que camina a trompicones en la actual temporada y que parece determinado a padecer por mantener la categoría. Cúper se ha cansado de ser un parado de lujo. Desde que fue cesado en el Inter de Milán, ahora hace un año, cobraba religiosamente sus 3,5 millones de euros de ficha anual por no hacer nada y así podría haber seguido hasta junio del año que viene. El Mallorca hace un gran esfuerzo por volver a contar con un entrenador querido en la isla, y aunque no llegará a esas cifras, se quedará cerca, pues pagará entre 2,5 y 3 millones de euros anualmente a su nuevo entrenador por lo que queda de temporada y dos más. La tesorería mallorquina se ha quedado exhausta, pero la necesidad obliga y el técnico argentino era el único que podía satisfacer las iras de la afición. Héctor Cúper nació en Chabas (Santa Fe, Argentina) y a punto de cumplir 49 años apuesta por volver a empezar desde el Mallorca, el club que lo catapultó a la fama en Europa. Seguidor confeso de Carlos Timoteo Griguol, como entrenador ganó con el Lanús la Copa Commebol de 1996, pero cuando llegó a Europa fichado por el Mallorca, era un gran desconocido. Lo primero que llamó la atención de Cúper a su llegada a España fue que antes del partido y en el túnel de salida al campo golpeara a todos y cada uno de sus jugadores en el pecho. Un ritual obligatorio antes de cada encuentro. Sus duros entrenamientos y la obsesión por la seriedad en el trabajo se conocieron después. Su gran trabajo le sirvió para entrenar al Valencia (1999-2001) y para dar el salto posterior al Inter. Paralelamente también creció su fama de finales perdidas. Con el Mallorca perdió la final de la Copa del Rey de 1998, y la Recopa de Europa de 1999, aunque ganó la Supercopa de España de 1998. Con el Valencia también ganó la Supercopa de España de 1999, pero perdió dos finales de la Liga de Campeones, la del 2000 ante el Real Madrid y la del 2001 ante el Bayern Munich.