Luque desatasca a España

AGENCIAS SANTANDER

DEPORTES

La aparición de Luque resultó definitiva para que la discreta España resolviera un partido de contrastes que los belgas jugaron en inferioridad numérica durante más de una hora.

10 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Primero con diez y a falta de más de veinte minutos con nueve. El delantero catalán desatascó a los de Luis Aragonés, abrió la lata rival y logró lo que no consiguieron la pareja Raúl-Torres, que estrenaba titularidad pero ni de lejos cumplió con las expectativas. Un arranque espectacular de España dio paso a muchos minutos de nervios, dudas e imprecisiones. Y cuando más y quien menos se temía incluso lo peor, un tropezón fatal que seguramente hubiera sumido a la selección en una profunda depresión, Luque halló la luz para salir del túnel. Poco después, Raúl celebró su octavo cumpleaños internacional con otro gol, y ya van 40. España salió fenomenal, con la lección aprendida y pinta de poder merendarse a los belgas. Con un Xavi soberbio, dueño absoluto del balón y del partido en ese comienzo arrollador, la selección combinó con rapidez, precisión e inteligencia. Presionó bien, adelantó la zaga hasta casi el centro del campo con osadía y encerró al adversario. Volver a soñar La alegría duró apenas un cuarto de hora, lo que tardaron los belgas en tapar mucho mejor al centrocampista azulgrana, pero ese inicio permitió volver a soñar con un gran equipo después de muchos meses de depresión. Desde la fases de clasificación en la etapa de Camacho, España no transmitía tan buenas sensaciones. Todo pudo haber sido más sencillo si Torres no hubiese errado una ocasión clamorosa en el primer minuto. Un balón largo de Reyes, un regalo del portero Peersman, que midió fatal, como un alevín, y un pésimo disparo a puerta vacía del escorado delantero rojiblanco. Lo intentó siempre, jamás se escondió, se desmarcó con tino, pero esta vez Torres estuvo desastroso en la definición. Es un jugador de enorme proyección, con unas condiciones fuera de lo común, pero aún le falta un hervor, sobre todo en el momento decisivo. No se entendió bien con Raúl y, además, cerca del descanso, desperdició otra oportunidad pintiparada. Se encontró con un balón de oro tras una jugada de carácter de Raúl y, tras superar al portero, no acertó al golpear el balón. Acabó reemplazado por Luque, un cambio de lo más acertado, a los siete minutos de la reanudación. Como no el gol tardaba en llegar y los antecedentes son negativos, a España le entraron los nervios, las dudas. Se apagó y permitió crecer en el segundo tramo del primer período a un Bélgica que daba sensación de peligro en sus contragolpes. El problema, endémico en los equipos de Luis, residía en que cuando la línea de atrás se adelanta y no se achucha en el medio como es debido, se corre el riesgo de permitir que el rival se plante en tu área en cualquier balón cruzado. Expulsiones decisivas La expulsión de Deflendre a más de una hora para el final -la mereció más el delantero Sonck, que segundos antes propinó un codazo a Del Horno- no fue aprovechada por España como es debido hasta la segunda parte. Joaquín y Reyes no leyeron bien el juego, tampoco los delanteros y España se fue de mala manera al descanso. Y no vale la excusa de que el árbitro se tragó un penalti a Reyes porque también se comió uno por agarron de Salgado al ariete del Ajax. Menos mal que, cuando la gente comenzaba a silbar por el mal desempeño de España y el joven Kompany se sobraba para sujetar a su equipo y sacarla jugada, Luque arregló el desaguisado. El deportivista salió en punta y supo aprovechar un buen pase de Reyes, casi el único que el utrerano dio en toda la noche, para resolver como un cañonero. Se derribaba el muro belga y, a partir de ahí, todo fue coser y cantar. Con uno menos tuvieron que abrirse y esos espacios permitieron respirar a España. Raúl cerró el triunfo con la testa y los rivales, rendidos, se quedaron con nueve por el escupitajo de Goor.