El Dépor recibe esta noche al Betis con la necesidad de sumar su primera victoria en Riazor y de rehabilitar su imagen tras la debacle ante el Valencia
24 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El margen de maniobra empieza a esfumarse. El Dépor recibe al Betis con la urgencia que ha generado el mal arranque liguero y la necesidad de reforzarse anímicamente ante un público que ha visto como su equipo sucumbía ante el Osasuna y el Valencia y encajaba ocho goles. Cierto que después de jugar con el conjunto andaluz aún quedarán 99 puntos, suficientes para recuperar terreno y enderezar el rumbo, pero difícilmente Riazor sería capaz de convivir pacíficamente con tres derrotas consecutivas. Tampoco el Betis tiene excesivo margen de maniobra; el triunfo ante el Athletic le dio un leve respiro, pero su discreto arranque liguero y un calendario al que después del cuadro deportivista le esperan el Valencia y el Real Madrid. La derrota ante el campeón de Liga dejó un cierto poso de conformismo en A Coruña, una especie de resignado «se veía venir»; de ahí que el 1-5, en otro tiempo difícilmente digerible, no provocara una fractura de consecuencias imprevisibles. Pero al menos sí ha servido para que, en un saludable e inhabitual gesto de rebeldía, reaccionaran los jugadores. Sin la presencia del técnico, analizaron la situación y llegaron a la conclusión de que son ellos los que deben de asumir la salida del túnel. La conjura reconoció las limitaciones de un equipo que no es el de las pasadas campañas y apeló a factores quizá no excesivamente futbolísticos pero sí reconocibles y, sobre todo, del gusto de la grada, como el esfuerzo. Después llegaría la iruretina , pero antes hay que agradecerle a los protagonistas que ellos sí hayan sido capaces de bucear en los problemas y olvidarse del empedrado o del enemigo exterior para describir una situación que se mueve en el filo de lo peligroso. Un tropiezo esta noche dejaría al Dépor al lado de los desheredados de Primera; sería lo que Munitis describió, en el orden deportivo, como «una hecatombe». Su compañero Molina, con su sorna habitual y quizá sin pretenderlo, se fue por el lado anímico: «De tanto decir que somos malos, al final nos lo vamos a creer». Ni lo uno ni lo otro. El único acuerdo, la necesidad de reaccionar. Por lo pronto, Javier Irureta recupera a Duscher, con lo que el centro del campo, la línea que más ha sufrido los avatares del tiempo y del infortunio, tiene un aspecto más sólido y saludable. Las únicas ausencias forzosas, Mauro Silva, lesionado, y Diego Tristán, con descanso tras la gastroenteritis que le impidió entrenar el pasado martes. Así que al técnico se le ofrecen varias posibilidades, desde la de refrescar el equipo con la entrada de jugadores como Romero, Pablo Amo, Duscher, Víctor, Fran o incluso Héctor, o la de optar por no quemar las naves ante el importante compromiso del próximo martes en Mónaco. Un dilema que Irureta no quiso desvelar ayer con un contundente «ahora sólo pienso en el Betis».