Florentino Pérez llegó a la presidencia del Real Madrid pletórico de moral y cargado de proyectos de los que, a primera vista, parece que resolvió los económicos, tal y como tenía previsto. Pero en la gestión deportiva ya fue otro cantar. El balón (no quieren entenderlo los que llegan de nuevo) es redondo y en su entorno suceden cosas increíbles, que desconciertan a hombres tan importantes como Florentino Pérez, que en su momento creyó «una casualidad» cuando el Deportivo le arrebató la Copa del Centenariazo en el mismísimo campo del Bernabéu. Después vivió otros reveses que no viene a cuento recordar. Ahora, el presidente madridista pasa por la amargura de ver cómo se cae Camacho, del que la prensa madrileña vino afirmando y repitiendo que él y los galácticos iban a juntar el cielo con la tierra. Precisamente, a la prensa Florentino pidió ayer ayuda «para que nos ayudéis a superar la situación». Camacho se va del Madrid por segunda vez. Esto nunca había sucedido antes. Florentino Pérez ni se lo esperaba ni lo quería creer. Hace tres días publicó este periódico un Punto de Mira titulado «Un presidente desconcertado». Y es que la asignatura del fútbol no hay catedrático que acierte a explicarla.