Bienvenida olímpica a David Cal

DEPORTES

Galicia brindó un masivo y emocionante recibimiento al piragüista de Hío

31 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?l reducido mundo del piragüismo jamás soñó con algo parecido. Ayer, Peinador, primero, y el concello de Cangas al completo, más tarde, se vinieron abajo para recibir con honores y vehemencia a los tres piragüistas olímpicos del club Aldán Hermanos Galdón. Carlos Pérez y Teresa Portela habían aterrizado en Santiago la noche anterior. A las once de la mañana, en Vigo, sonó la hora del campeón, David Cal. El piragüista, elevado a categoría de héroe a sus 21 años, tuvo un breve respiro al tomar tierra. Lo recibió a pie de avión un grupo corto de gente. Sus padres, sus hermanas, el alcalde Sotelo, Portela y Pérez, la miss Galicia María Mundín, oriunda de Aldán. Y su sobrino Gabriel, de tres años, que le saltó al cuello y fue el primero en abrazarlo. Cualquier atisbo de tranquilidad se estrelló segundos después contra la marea humana que inundaba el aeropuerto de Vigo. Centenares de gallegos de todas las edades -sólo Cangas había fletado cinco autobuses- coreaban el nombre de los tres palistas, en especial el de David. De guapo para arriba. Él quiso saludar a través de una verja y el universo de banderas -dentro y fuera de Peinador convivían perfectamente la enseña española con la estrella roja sobre fondo azul y blanco-, camisetas y gritos de múltiple pelaje se rindieron ante el doble medallista, obligado a pasar de la sorpresa al manoteo brazos en alto en un suspiro. Cal recibió tratamiento de rock'nroll star. En volandas de un sitio para otro. «Veña, veña, que hai dous voos parados por isto», decía un tipo sudoroso y atribulado, mientras agarraba del brazo al de Vilariño para trasladarlo hacia la sala de prensa. El tiempo justo para la inevitable rueda de preguntas, y el trío olímpico se sumergió en un auténtico baño de masas, concentrado en torno a la zona de embarque. Los sufridos pasajeros del vuelo de la mañana hacia París no daban crédito a una escena tumultuosa que amenizaba un grupo de gaiteiros. Tampoco al retraso que irremediablemente impuso al resto del mundo la primera celebración olímpica de la historia de Galicia. Quien anduviese despistado podría haber pensado que los Back Street Boys volvían a la carga. Chavalas chillando, grupos de rapaces voceando, carreras, codazos por acercarse a los campeones. Los tres quisieron contentar sus entregados fans. Besos, abrazos, declaraciones de amor. El tiempo dirá si este idilio con el piragüismo conduce a un compromiso efectivo.