El piragüista gallego gana la plata en C-1 500 y se convierte en el deportista español más laureado en unos mismos Juegos Olímpicos
28 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.David Cal dobló la gesta. Ya es el deportista español más laureado de la historia en unos mismos Juegos Olímpicos. En otra prodigiosa actuación, el palista sumó una plata al oro del viernes. Sólo cuatro españoles habían logrado dos medallas en la misma Olimpiada. David Cal es el quinto, pero nunca antes nadie había alcanzado un botín tan preciado como el suyo. Teníamos dudas sobre la respuesta de nuestro héroe un día después de la hazaña. Tras su victoria del día anterior, fueron demasiadas las llamadas, las entrevistas, las felicitaciones. En definitiva, tanta parafernalia sacó a David Cal de su rutina habitual, algo así como cuando a un pez se le saca del agua y se tarda demasiado en volver a meterlo. Todo el agobio sufrido tras el oro se tradujo en un dolor de cabeza que le impidió dormir la siesta, cosa inaudita en este chaval, al que no le quita el sueño nada ni nadie. El día requería la canoa mágica antiolas. Ni Suso Morlán, su entrenador, ni el propio David agradecerán lo suficiente a Nelo, el fabricante de su embarcación, el servicio que les ha prestado. Con un viento que soplaba de espaldas y un poco en diagonal, la prueba prometía adrenalina. El favorito, Opalev, un genio de la velocidad que arrasa en las pruebas de doscientos metros, aunque para su desgracia no son olímpicas. Arranque del ruso Y arrasando salió el ruso. Su arranque fue violento y, sobre todo, veloz. Lideró la prueba con una facilidad insultante y palada a palada parecía sentenciar el oro. David Cal y Andreas Dittmer no salieron mal, pero prefirieron regular sus esfuerzos para echar el resto en los últimos doscientos metros. La ventaja de Opalev llegó a ser sideral, inalcanzable para cualquier canoísta vulgar o incluso bueno. Pera David Cal es de otra pasta. Y Andreas Dittmer demostró una gran capacidad de recuperación del golpe que le propinó el día anterior el canoísta gallego. Al alemán le habían atizado en su prueba favorita. No quería irse de Schinias sin un oro. Así las cosas se agarró a la pala a la desesperada y marcó un ritmo infernal, al que David respondió con una subida sólo al alcance de los elegidos. El espectáculo era sublime. Opalev iba rápido, pero veía desesperadamente como dos fueraborda le acechaban. Primero les vio acercarse, luego sintió que su llegada era irreversible. Ambos le superaron como quien se quita un mosquito de encima. Dittmer y Cal Y ahí estaba David. De nuevo en un escenario ideal, luchando por el oro una vez asegurada la plata. Cal aguantó a Dittmer, pero el alemán, imparable, quería tomarse su particular revancha del día anterior en su prueba favorita. Y la logró, por sólo cuatro décimas. ¿El tiempo que se gana con una buena siesta? El alemán marcó un 1.46,323, un crono de extraterrestre. La mejor marca del año la tenía Opalev, pero a pesar de ello no había conseguido bajar del 1.47. Al igual que en el C-1, en Schinias asistimos a la carrera más rápida de la distancia. El ruso estuvo en sus tiempos, que ya de por sí son espectaculares. Hizo su regata, pero no fue suficiente porque los rivales hicieron trizas todos los relojes. Ya en el podio, Andreas Dittmer era inmensamente feliz. Había salvado su orgullo. Una nueva derrota ante un niño de 21 años habría sido más de lo que podría soportar un canoísta de su currículo. Y a su lado, con la plata, a David Cal no se le adivinaban grandes emociones, como de costumbre. Tal vez pensaba que hoy le tocaba ser el abanderado español en la ceremonia de clausura: un honor que sí que entiende, pero que no acaba de asimilar un chaval muy poco amigo de las pompas y amante de los silencios y de la absoluta intimidad. Gustos muy lejanos de todo el follón en el que se vio envuelto tras su actuación.