A la misma edad que Induráin intentó su sexta victoria, el tejano es el favorito de un Tour que quiere sentenciar en la alta montaña
27 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Lance Armstrong emprenderá el próximo sábado el mayor reto de la historia del ciclismo. Anquetil, Merckx, Hinault e Induráin no fueron capaces de llegar tan lejos. El norteamericano, el hombre llamado milagro, marcha camino de la inmortalidad deportiva: está en condiciones de lograr seis victorias en el Tour de Francia. Confía en su molinillo (así ha sido bautizada su demoledora técnica de pedaleo) para triturar a todos en la montaña. Más escalador que contrarrelojista. Así será el Armstrong 2004. Tiene 32 años, los mismos que peinaba Induráin cuando en 1996 intentó su sexta victoria en la legendaria ronda gala. Y uno menos que Hinault cuando éste, ya cinco veces ganador, acabó tercero en 1986 y trabajando para su compañero de equipo Lemond, vencedor final. Al igual que el navarro en 1996 y al contrario que Hinault diez años antes, Armstrong se presenta como favorito. Pero con matices. En el recuerdo cercano están sus padecimientos del pasado año, el del Tour que pudo perder. La caída y retirada de Beloki, que estaba en su mejor momento, más peleón que nunca; sus equilibrios sobre la bici para no irse al asfalto y para casa al mismo tiempo que el vasco; la deportividad de Ullrich, que esperó al norteamericano, y no lo apuntilló, cuando un espectador le hizo perder el equilibro en una subida; la caída del alemán en la crono final... Por primera vez desde que este Armstrong es más famoso en Europa que su homónimo astronauta dio la sensación de que era batible. Reconoció que le había afectado su situación personal, pues estaba en trámites de divorcio (ahora ha recuperado la estabilidad sentimental con la cantante Sheryl Crow). Y también admitió errores en la preparación, como que quizá había gastado demasiada batería en la Dauphiné Liberé para batir a Ibán Mayo. Buen termómetro Aprendió de aquella experiencia. Este año no entró al pique. Mayo se proclamó vencedor de la citada prueba francesa, que se disputa a principios de junio, y el pentacampeón le dejó hacer. No fue una decisión tomada durante la carrera. Ya antes del inicio de la ronda, el del US Postal anunció que no tenía intención alguna de fajarse por el triunfo final. En todo caso, la Dauphiné Liberé siempre ha sido un buen termómetro para medir su estado de forma. Los tres primeros años en los que ganó el Tour (1999, 2000 y 2001) logró sendos triunfos de etapa en la Dauphiné, y en el 2002 y el 2003 se impuso en la general final. Esta vez, Armstrong concluyó cuarto y no celebró ningún triunfo parcial. Mayo se impuso en el prólogo y en la cronoescalada a Mont Ventoux, en la que aventajó al pentacampeón del Tour de Francia en casi dos minutos. Su temporada ha sido, como en años anteriores, un aperitivo cara a su gran objetivo del año. En febrero ganó una crono en la Vuelta al Algarve y en abril se impuso en la general de la Vuelta a Georgia (Estados Unidos) tras lograr dos triunfos de etapa, uno de ellos contra el crono. En esta especialidad parecen superiores Mayo y Ullrich, y quizá por ello el tejano lleva desde los inicios de la campaña anunciando que ganará el Tour en la montaña, donde considera que su equipo, el US Postal, «es el mejor». Sin Heras En el asfalto francés le acompañarán los españoles Beltrán, Noval y Rubiera, sus compatriotas Hincapie y Landis, el portugués Azevedo, el ruso Ekimov y el checo Padrnos. Hay dos bajas respecto al pasado año: Heras, ahora en el Liberty Seguros, y el colombiano Víctor Hugo Peña, suplente en la lista para el Tour. El español fue su principal bastión en la alta montaña en las últimas ediciones. Cuando le han preguntado si echará de menos su rueda, se le ha visto sobrado: «No estoy preocupado. ?Creo que Azevedo va a probar que no hemos perdido con el cambio. Todo el mundo dice que no tiene el nivel de Heras, pero se cambia de opinión si se miran las imágenes de las tres últimas ediciones del Tour». Es más, ha llegado a decir que estaría más preocupado si hubiese perdido a ?Rubiera o a Hincapie, porque «en el trabajo de equipo son irremplazables».