Rooney tiró del carro y dejó la sensacion de que, si es necesario, lo lleva a cuestas. Participó en el primer gol y firmó los dos siguientes, antes de ser sustituido
21 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Inglaterra cotiza al alza. Levantó un partido que se le puso feo y acabó clasificándose con autoridad frente a una Croacia que apuró sus opciones. El encuentro empezó mal, muy mal, para el colectivo de Erikson, que a los cinco minutos encajó un gol en un saque lateral de una falta. La defensa, muy en línea, no acertó a despejar. El balón le llegó rebotado a Niko Kovac para que lo enviase a la red. A partir de ese momento, Croacia, que tiene en su ADN el eslabón de la competitividad, quisó manejar el resultado. Y lo consiguió hasta el minuto cuarenta. Jugó casi siempre con ocho futbolistas por detrás del balón, con dos líneas de cuatro muy cerca de su área. Tocó con paciencia, buscó el contragolpe y, de vez en cuando, alguna diagonal larga. Inglaterra tuvo la virtud de no perder nunca la compostura. Le faltaba verticalidad y agilidad para encontrar espacios. Llegaba con facilidad hasta la mitad del campo rival. Sin embargo, a partir de ahí, se atascaba. Pero no desesperó. Poco a poco, el triángulo Scholes-Rooney-Owen fue asumiendo protagonismo, ofreciéndose cerca del área, buscando combinaciones rápidas con pases cortos. Mencion especial merece Rooney, un teenager con el chásis de un todoterrano y el motor de un Ferrari. A todo ello le añade un aditivo fundamental: ve el fútbol, lo interpreta con sencillez. Una vez más, tiró del carro inglés, y dio la sensación de que, si es necesario, se lo lleva a cuestas y aún le queda empuje. El empate llegó en el minuto cuarenta. La primera vez que Croacia consintió un pase interior hacia Owen, le costó un gol. Salvó Butina en primera instancia, pero acompañó Rooney para cabecear hacia Scholes, quien prolongó también con la testa hasta la red. Antes del descanso apareció otra vez Rooney para poner el 2-1, con un lanzamiento seco y efectivo. Cargó el peso del cuerpo hacia el balón y golpeó con tanta precisión como contundencia. En el segundo periodo Croacia asumió más riesgos. Adelantó la defensa e intentó jugar en campo contrario, una posibilidad a la que había renunciado en el primer tiempo. Inglaterra leyó bien el nuevo contexto y demostró que también sabe interpretar los desplazamientos largos y los contragolpes en los que busca la espalda de la retaguardia. Gran tercer gol Así fabricó el tercer tanto. Se asociaron una vez más Owen y Rooney. El primero dio una lección de como enviar el balón en el momento justo y el segundo se movió con el criterio suficiente para no caer en el fuera de juego. En carrera, el búfalo Rooney es imparable. Y en el mano a mano con el portero acreditó sangre fría. Ahí casi terminó el partido. Erikson empezó a administrar fuerzas con las sustituciones. Sin el goleador, a Inglaterra parecía que le faltaba algo. Y más cuando Tudor, de nuevo en una falta lateral, cabeceó el 3-2. Pero Lampard, en una acción individual, puso las cosas en su sitio. Avanzó, dribló y marcó desde la media distancia.