Tras la tormenta, llegó la calma

La Voz F. S. | MEIRÁS

DEPORTES

JOSÉ PARDO

18 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Detrás, ruge el mar. En frente, más de veinte aerogeneradores rasgan el horizonte. Ése es el enclave del Misael Prieto, el campo del Meirás, en Valdoviño. Es difícil imaginar que este recinto, cuyo nombre recuerda a un párroco de la zona, fuera escenario de las agresiones a un árbitro y a uno de sus asistentes en un encuentro de juveniles que provocó un plante de los colegiados de Ferrolterra, que se negaron a pitarle al equipo que protagonizó los incidentes. Pero en la agenda del Misael Prieto había un nuevo compromiso para ayer. Un Meirás-Visantoña, arbitrado por José Otero Bouza, de la delegación coruñesa. Los precedentes no invitaban a la tranquilidad. Pero tras la tormenta, llegó la calma. O casi. Porque calma, calma en fútbol... ya se sabe. Algunos aficionados llegaron al encuentro rumiando el partido del Madrid. Un grupo de jóvenes hablaba de goles merengues y de Nuria Bermúdez. Porque, como dice Irureta, la Liga sí que se parece a Salsa rosa . Un hincha entró con un estruendoso: «¡Forza Meirás!». Como diría después, él no necesitaba micrófono. Mientras, por la zona de taquilla se recordaban las faltas pitadas en contra del equipo local en este y aquel partido. Desde el banquillo se gritaba: «¡Dale caña, duro, duro... a la pelota!». Todos callaron para cumplir con pulcritud un minuto de silencio en recuerdo a un familiar del delegado del Visantoña y después el colegiado pitó el inicio. El público comenzó contenido. Muchos llegaron tras el arranque, como el chico con look a lo Dani Pedrosa que aparcó su motocicleta en uno de los fondos. Sin más. Lo de tirar motos desde la grada sólo se estila en San Siro. Excepto algún que otro seguidor, que bromeaba cuando una decisión del colegiado favorecía a su cuadro: «¡Éste si que é un árbitro e non os de Ferrol!». Más tarde, cuando arreciaron las protestas de los jugadores, se escuchó algún: «¡Venga, pasamos del árbitro!». Y el momento de tensión de la primera parte no estuvo patrocinado por el colegiado, sino por el nueve visitante, que se encaró primero con un contrincante y luego se dirigió al público con varios «¿Qué pasa?». Las respuestas no fueron amistosas: «¡A min non me veñen bufar á casa!». Mientras, el trencilla estaba lejos, atendiendo a Berto, que se retorcía en el suelo tras marcar para los locales. En el segundo tiempo sí que se multiplicaron las quejas contra el hombre de negro . Porque pitó una pena máxima que supuso el empate y no señaló un supuesto penalti favorable a los de casa. Hubo lluvia real y de piropos , pero no mayor de la que lamentablemente se registra en cualquier campo. Esta vez Meirás no sacó el Hyde que lleva dentro.