«No soy de los que arrojan la toalla»

La Voz

DEPORTES

Se fue al Centro de Tecnificación Deportiva con 14 años para dedicarse al piragüismo. La plata del Mundial 2003 lo sitúa como uno de los favoritos al podio de en K-1 500 metros

14 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Al concluir la final de K-1 500 metros del Mundial, justo al acabar y ganar la plata, pensé en el trabajo realizado todos estos años y en las ocasiones en las que me habían salido mal las cosas. Después, tras pasárseme todo eso por la cabeza, me dije: «¡La Olimpiada!». En 1988 los Juegos para mí eran un acontecimiento deportivo que daban por la tele. En ese año comencé a practicar el piragüismo. Entonces yo lo veía como un hobby , algo para pasártelo bien con los amigos. Este deporte para mí es un asunto de familia. Mi padre es presidente del Aldán Hermanos Gandón, mi hermano mayor es canoísta y entrenador del club, y mi hermana pequeña hace kayak. Yo también elegí el kayak. Y poco a poco comencé a pensar: «¡Olimpiadas! ¡Quién pudiera estar ahí!» A los 14 años me fui al Centro de Tecnificación Deportiva de Pontevedra. Adaptarme me costó menos de lo que yo creía, porque coincidí con gente de mi club y con varios amigos. Allí compaginaba bien los estudios con los entrenamientos: de ocho y cuarto a diez de la mañana, a clase; después nos entrenábamos hasta las doce; y a las doce y cuarto entrábamos de nuevo en clase, hasta la hora de comer. Por la tarde, a entrenarse otra vez. Al principio trabajamos realizando varios deportes para mejorar la resistencia. Practicamos mucha natación, y este año estamos introduciendo bicicleta y no vamos a correr. Yo lo agradezco, correr se te hace muy pesado. Recuerdo la primera regata internacional en la que participé. Fue en Bratislava, en el 95 o el 96. Competir allí ya era un sueño. La verdad es que entonces se puede decir que fui de turista. Después, en mi segunda participación, conseguí medallas. Ahora, tras muchas pruebas en distintos países y después de vivir distintas concentraciones, puedo decir que Sevilla y Navia se han convertido en mi primera casa. La segunda es la mía. Porque por cada semana que estoy en Galicia, me paso tres fuera. Pero como es algo que llevo haciéndolo desde tan pequeño no se me hace tan duro. Además, mi novia, Jana Smidakova, es piragüista, y también acude a las concentraciones de la selección, lo que me ayuda a llevarlo mucho mejor. Quizás cuando me planteo si merece la pena haber renunciado a ciertas cosas, a veces siento no haber disfrutado de la adolescencia de otra forma y, en ese sentido, envidio a mis amigos. Pero también creo que soy un privilegiado, que he visitado muchos países diferentes haciendo lo que me gusta. Y además me pagan por ello. Pero no todos nos lo tomamos igual. He sido testigo de muchos abandonos. Algunos dejan el piragüismo por los estudios y muchos porque simplemente no aguantan. Yo no soy de los que arrojan la toalla. A veces sufro, pero más por las decepciones que me provocan determinados resultados que por el estilo de vida. Para superar las decepciones, intento tener una dosis extra de motivación para el siguiente reto y así supero las adversidades. Por ejemplo, antes del Mundial tenía la medalla en la cabeza. Había gente que tenía muchas expectativas, pero yo mismo fui el gran sorprendido por mi plata y por la de David Cal. Afrontaré los Juegos con muchas ganas. Van a cambiar mucho las cosas con respecto al Campeonato del Mundo. La gente prepara muy bien la Olimpiada. En el K-1 500, el favorito es el australiano Baggaly, oro en los Mundiales de Atlanta. Pero yo espero quedar bien, soy positivo a tope cuando pienso en Atenas. La presión existe, pero te la da la gente que te rodea, que insiste en que tienes que hacerlo mejor. Yo estoy tranquilo. Hay nervios, pero yo los considero necesarios. Como dicen los actores de teatro, tienes que sentir un poquito de nervios para tener la chispilla necesaria para triunfar. En los últimos Juegos no ha habido suerte para los piragüistas españoles, pero se ha generado mucha ilusión. La gente es joven y promete. No estaremos en la ceremonia de apertura, pero a mí no me importa. Yo voy a lo que voy. Después de las Olimpiadas no podré descansar. En mayo tengo que superar las pruebas físicas y una entrevista para entrar en la Academia de Policía de Ávila. Si todo sale bien, tras los Juegos me tocará irme allí. ? ?Y como gane una medalla, la dejaré guardada bajo llave.