Héroes en la niebla de Moaña

Fernando HidalgoFirma REDACCIÓNDATA

DEPORTES

XOAN CARLOS GIL

Reportaje | Gallegos en la meca del remo | Vilariño, Suso y Nando trabajan en las bateas mejilloneas por la mañana, entrenan en la Ría de Pontevedra por la tarde y cada fin de semana viajan a Astillero, donde son los puntales de la San José, la mejor trainera del planeta

04 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando la niebla se traga el océano y el silencio encoge las almas, una trainera fantasma emerge llena de héroes por la Ría de Pontevedra. Suso, Vilariño y Nando construyen día a día, palada a palada, una gesta propia de gigantes, una de esas historias que devuelven al deporte el halo épico que los tiempos del fútbol han ido devorando poco a poco. Suso Hermelo, Javier Vilariño y Fernando Rúa son remeros de Moaña que bogan en la mejor trainera del planeta, la San José. Durante la semana trabajan en las bateas mejilloneras toda la mañana, por las tardes y por las noches entrenan y cada viernes cogen un coche que les lleva hasta la localidad cántabra de Astillero. Allí son unos ídolos que disfrutan de un reconocimiento que Galicia nunca les ha dado. Los tres, reunidos por La Voz, hablan sin parar, con entusiasmo. Están contentos. Por fin, un periódico se ha fijado en ellos. Van a salir en «los papeles». A mi no me han mencionado nunca en la prensa. Aquí, el remo es lo último. En Moaña se entregan los premios del deporte. El año pasado, es cierto, me nominaron. El premio se lo dieron a un campeón provincial de patinaje, y no me parece mal que fuera así, pero yo gané la Liga de traineras, ¡la Concha! y el Campeonato de España, entre otras muchas banderas del Cantábrico. No se puede ganar más. Astillero batió todos los récords el año pasado. -Suso. Aquí, paseas por la calle y nada. En cambio, en Astillero, somos unos personajes. Cuando fue lo de la Concha, aquello fue la leche. La Concha, para un remero, es el botín más preciado. Se trata de ese pedacito de cielo que recompensa una actividad en la que apenas se gana dinero. - Vilariño. Cuando estábamos en Tirán logramos cosas, pero llegó un momento en el que sabíamos que no íbamos a más, que queríamos ganar la Concha. -Suso. Una vez fuimos con Tirán y... -Nando. Fue por segundos, en el 96, nos quedamos a las puertas. -Vilariño. En ese año ganamos a Orio el enfrentamiento directo, pero en la final estuvimos en una tanda mala. Aquel año, Tirán tuvo un equipo muy fuerte. -Suso. El caso es que la motivación deportiva nos ha llevado a esto. -Vilariño. Lo habíamos ganado todo, menos la Concha, la Copa de Europa del remo. Ningún gallego la había ganado. Y eso es lo que queríamos. Está claro que el dinero no es lo que nos mueve. El año pasado, cuando ganamos todo, nos embolsamos menos de seis mil euros cada uno. ¿Y qué? Al fin y al cabo, toda la vida estuvimos remando por el bocadillo. -Suso. Nos tratan de locos. Somos como yonkis. Esto es un vicio, yo salgo del trabajo y me pongo a entrenar. -Vilariño. Hoy me levanté a las cuatro de la mañana, y trabajé hasta las cuatro y veinte de la tarde. Y si no estuviéramos contigo, iríamos al mar a entrenar. No salimos, no tomamos unas cañitas... Todo remo. -Suso. Nuestra conciencia no nos deja salir y tomar copas porque todos nosotros dependemos de todos nosotros. No podemos fallar a nuestros compañeros. Somos igual que los yonkis, pero enganchados al puñetero remo. Cualquier parecido con el fútbol, pura coincidencia. El balompié mueve millones. El remo, calderilla. Pero, ¿quién mueve más sudor? -Suso. Los futbolistas no saben lo que es entrenar. -Vilariño. No aguantarían trabajar y entrenar. Que si hoy baño y masaje, ¡vaya!, habría que verles darse una paliza de las nuestras. -Suso. No cobramos, pero somos más profesionales que los futbolistas. Tendrían que trabajar. Brea bien a un futbolista en el trabajo y verás como luego entrena. -Vilariño. Que si roturita de fibras, que si otra cosita... Un jueves, tuve un accidente de moto y me pusieron un collarín, el domingo estaba remando. -Suso. Estas nenas no entrenan, que si tengo mal una pierna, que si un brazo... ¡Pues si tienes mal un brazo, tienes otro! -Vilariño. Cuanto más ganas, menos profesional eres. -Suso. No tienes hambre de victorias. -Vilariño. A esa gente, lo que le gusta es la pasta, no el deporte. Mientras hablan, mueven sus brazos y sus manos quedan al descubierto. Vilariño, el más veterano, las tiene destrozadas. -Nando. Algunos sangran como bellacos. -Vilariño. Nos ayuda eso de trabajar en el mar. El salitre te endurece las manos. Suso, Nando y Vilariño trabajan duro en las bateas, de hecho, el día de la entrevista estuvieron más horas de lo habitual. Cargaron en un barco 40 toneladas. Cuando todo estaba dentro, alguien les anunció que el mejillón tenía la toxina. «Tuvimos que devolver todo al mar. Estuvimos hasta las cuatro de la tarde, sin parar, desde las cinco de la mañana». Pero lo llevan bien: «El trabajo duro ayuda», dice Suso. Tal vez sea esa dureza que rodea sus vidas la que les lleva a relativizar el esfuerzo que supone recorrer cada viernes más de 600 kilómetros en coche para entrenar con su equipo en Astillero. Y otro tanto de vuelta el domingo. «Nos hemos acostumbrado, aunque no nos olvidamos de que estar en la carretera es un riesgo. David Pérez, que ahora está en Pedreña, tuvo un accidente en uno de estos viajes», dice Suso. Aunque para los tres el remo es como una droga, ya piensan en el momento de la retirada, sobre todo Vilariño, que con 35 años ya tiene muchas regatas a sus espaldas. -Vilariño. Lo dejaré. Este es mi último año, es que la jefa... Será difícil, pero a todos nos tiene que llegar la hora. Está claro que hemos sido unos egoístas hasta ahora. Yo no volveré a remar. Haré deporte, pero me desvincularé del remo. A mi lo que me gusta es competir, pero si no estoy al nivel para hacerlo, lo dejaré. Tengo que pagar a mi familia todo lo que me ha dado para que yo pudiera competir. Los tres hablan sin cesar. Con el mismo entusiasmo con el que se sobreponen a la adversidad encima de las olas del Atlántico. Suso recuerda como en una ocasión rompieron la proa de la trainera contra una batea hundida. «Era de noche, sobre las diez. Cuando el patrón se dio cuenta estábamos frente a ella». También saben lo que es hundirse. «Tú vas en la cresta de una ola, la trainera baja muy deprisa y se clava en la siguiente ola. Entra tal cantidad de agua que la embarcación se hunde. No se hunde del todo, pero sí lo suficiente», cuenta Suso. ¿Y que se hace ante una situación así? «Pues nadar entre todos, llevar la trainera a tierra, vaciarla de agua y volver al mar a entrenar, que es para lo que estamos». Nada puede con estos colosos marinos. Ni siquiera se achicaron cuando en la oscuridad del oceano y envueltos en una espesa niebla se perdieron. Fueron dos horas a ciegas, de intensa y casi mística relación con el mar. Ciento veinte minutos de soledad hasta que alguien, desde tierra, vio surgir la figura de una embarcación que salía de la nada. Tal vez, esa misma y poética nada en la que viven, ajenos a los focos del fútbol y envueltos en el olvido de sus propios paisanos. Sólo en Astillero, a más de 600 kilómetros, sienten que salen de la niebla y que el sol , de cuando en vez, también brilla para ellos. Texto