Desnudos por amor al mar

López Penide pontevedra

DEPORTES

FOTOS: RAMÓN LEIRO

Los remeros del equipo de O Grove ofrecieron el viernes de madrugada su primer espectáculo erótico para conseguir dinero y poder adquirir remos para la trainera

28 mar 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Juerga nocturna y deporte son dos términos que, con el permiso de Romario, normalmente resultan incompatibles. Sin embargo, en ocasiones la noche y las ganas de competir se tienen que aliar para sacar adelante un proyecto deportivo. Es el caso del club de remo Amegrove, de O Grove. Hace unas semanas, conscientes de que el equipo necesitaba imperiosamente dinero para adquirir unos remos, decidieron emular a los actores de Full Monty. Eso sí, salvando algunas distancias, como es el hecho de que los protagonistas de la película eran personas normales -algunos con sobrepeso y otros demasiado delgados-; en el caso del Amegrove, se trata de cuerpos moldeados a base de un duro entrenamiento. Y llegó el viernes. Punto de reunión: la discoteca Canelas, en Portonovo. Sus alrededores son un hervidero de coches aparcados en el arcén. Personas de todas las edades, sexos y condiciones no quieren perderse la actuación. Dentro, la música resuena a todo trapo; por momentos parece que el suelo tiembla. En ocasiones, entre tema y tema, la megafonía anuncia que el sábado de madrugada está prevista una noche erótica interactiva entre una pareja de profesionales del espectáculo y el público. Cuarenta y cinco minutos más tarde de lo previsto salen a escena dos chicas vestidas de negro sobre las que resaltan unas corbatas rojas. Anuncian, entre gritos del aforo -lo que será constante a lo largo de los quince minutos de actuación-, el inicio de número. Con los primeros acordes de YMCA, considerado como uno de los himnos homosexuales y compuesto por Village People, los diecisiete remeros del Amegrove, por tandas, comienzan a mover sus cuerpos embutidos en trajes negros, camisas blancas y corbatas rojas. Da la impresión que el escenario se les queda pequeño, impresión que quedará confirmada instantes después cuando todos los miembros del equipo bailen al unísono. Tras la provocación de Village People, los altavoces de la discoteca Canelas comienzan a reproducir la susurrante y sensual voz de Jane Birkin. Como por arte de magia empiezan a caer algunas prendas interiores femeninas sobre el escenario, mientras algunos de los bailarines se mezclan entre el público o se dejan querer por las mujeres que copan la primera fila, quienes, en algunos casos, les ayudan a despojarse de las camisas. Ya con el último tema, el que popularizó Joe Cocker en la película Nueve semanas y media, los remeros muestran su torso atlético y se calan un sombrero. Se van desnudando. Pasean el cinturón por la entrepierna. Se quitan el pantalón y dejan al descubierto un tanga rojo. La minúscula prenda termina por desprenderse y su lugar es ocupado por el sombrero. El espectáculo ha concluido, pero no la fiesta. Sobre el escenario, los deportistas, ya con la parte inferior de un chándal, dan botes, bailan, agradecen a las entidades colaboradoras y dedican algunos calvos al público.