Tras una goleada histórica, el cuadro coruñés hunde aún más a los celestes
04 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El euroderbi pasará a la historia de los clásicos. Un 0-5 en casa del eterno rival es para el Deportivo un éxito tan rotundo como para el Celta un varapalo inigualable. La distancia sideral que separa a ambos equipos en la clasificación quedó ejemplarizada de la forma más gráfica y dolorosa. La entrada celeste en el año fue eléctrica. En sus primeros acercamientos logró asfixiar al cuadro coruñés que trataba de aguantar un derroche de coraje que resultó efímero. Sólo lo avaló con un polémico despeje de Mauro Silva que repelió un chut céltico protegiéndose con los brazos. Pérez Lasa no lo entendió como voluntario. A Irureta no le cogió desprevenido la intensidad que su rival le había puesto al choque. Duscher y Mauro tenían la misión de ganar balones para que Valerón pusiera la magia que en muchas citas ligueras le había faltado a los coruñeses. La táctica estaba clara. La línea de tres centrales viguesa cometería errores si se les intimidaba; era cuestión de esperar para cavar su tumba. El primero no tardó en llegar. Pandiani presiona, Contreras entrega mal ?la enésima que sucede en la temporada?, para que Valerón se encuentre con metros de libertad y el balón en su poder. El canario sirvió para uno de los, actualmente, mejores definidores de la Liga: Luque. Máxima efectividad y mazazo al débil estado anímico local. El Celta juega bien al fútbol pero hace cosas mal y cada una de ellas las paga demasiado caras. Por contra, el Deportivo, sin enamorar, hace muchas cosas bien y estas son las que le permiten ser un candidato al título. Antes del descanso, a los celestes le aparecieron dos acciones para igualar. Primero, una falta a Jesuli que el árbitro sacó fuera del área y pudo pitar dentro. Y con el sevillano de protagonista, lo mejor de su chistera: un remate con parábola incluida que se topó con el poste y el cuerpo de un afortunado Molina. La hecatombe estaba aún por llegar. Otro error, esta vez de Berizzo, se convirtió en un nuevo regalo, en esta ocasión para Víctor. El deportivista corrió con todo a su favor y elevó con maestría ante la salida desesperada de Cavallero. Comprobado, el algodón no engaña y las miserias celestes de esta campaña no son fruto de la casualidad. Irureta lo sabía y acertó de pleno en sus convicciones. El Dépor se llevó el derbi sin correr, con más facilidad de la que nunca hubiera imaginado. Le sobró el segundo periodo para ganar, pero no para avergonzar a su rival. El broche lo pusieron tres errores más de patio de colegio. Dos los aprovechó Víctor que se marcó un hat trick. Tristán culminó la humillación al estilo de aquel Madrid-Barça de los 70. Al final, el delirio de Balaídos le llevó a celebrar el último tanto rival y gritar: «¡Dimisión, dimisión!». Horacio Gómez y Lotina están en el punto de mira del celtismo.