El técnico gallego vuelve a asumir su papel de salvador en el banquillo del cuadro insular, un equipo que se encuentra a un punto de los puestos de descenso
16 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.«No vengo aquí a tomar el sol». David Vidal no quiere que la gente se confunda. Ha elegido Canarias para reencontrarse con el fútbol. Y ha regresado para protagonizar una nueva entrega de su serie favorita: Misión Imposible . El técnico ya es el nuevo inquilino del banquillo del Las Palmas, equipo que se encuentra a sólo un punto de los puestos de descenso en la tabla de Segunda División. Su primer encuentro le enfrentará al Levante, el segundo clasificado, «el coco de la categoría». Vidal parece responder a aquella famosa frase con la que comenzaba cada capítulo del Equipo A : Si usted tiene algún problema, y se lo encuentra, quizás pueda contratarlo. Y ahí estaba el club insular, con la caña. Qué mejor lugar para presentar a un aficionado al mundo submarino como Vidal que el restaurante La Medusa. «Estoy encantado, estoy rodeado de mar», aseguró. Cinco minutos después de firmar su contrato, el entrenador ya estaba haciendo un recuento de novias. «Me han llamado todos los clubes de Segunda que han destituido a sus entrenadores esta temporada. Tuve muchas novias, pero al final escogí la de amarillo», confesó. De hecho, el lunes la directiva del Elche se dirigió a él para negociar, pero el gallego ya había alcanzado un acuerdo verbal con el presidente del Las Palmas. «Y soy un hombre de palabra», explicó. Antes había recibido ofertas del Rayo (se reunió con la familia Ruiz Mateos en Madrid) y su «contratación inmediata» había sido exigida por las peñas del Elche a principios de noviembre. Vidal ha pasado seis meses alejado de los terrenos de juego, pero enganchado al fútbol televisivo de los domingos en Cádiz. Quizás rumiando su injusta despedida del Murcia, después de catapultar al conjunto del abismo a la Primera División con su famoso «estoy confundido, yo había diseñado este equipo para la permanencia en Segunda». El técnico ahora promete grandes dosis de trabajo e ilusión y sólo pide un segundo entrenador y el apoyo del público. Quiere despertar una ciudad a la que considera dormida futbolísticamente. Quiere encontrar la pasión que se vive en Cádiz, el club que ha marcado su trayectoria vital. En Las Palmas no hay nadie como su indomable Mágico González, un hombre «de vida rápida», como él mismo lo definió. Pero Vidal tiene un equipo con cantera. «Cuando trabajas con gente joven, lo que hay que tener es agallas para ponerla», dijo. El problema es el superávit. Ayer, en su primer entrenamiento, de tipo «técnico-táctico», lidió con más de treinta jugadores. Son demasiados hasta para él, que les busca nombres decentes a los futbolistas para triunfar en esto del balompié. Se quedará con unos veintitrés y pide veinte días de plazo para conocer a sus pupilos. Suficientes para «intentar la gesta» y quemar estadísticas. «Yo no trabajo con estadísticas», aseguró. Aunque sí que ha tomado nota de los goles encajados por su nuevo equipo. «Son demasiados, hay que reorganizar la defensa. Pero tengo a gente encantadora en ta, con arte en sus botas», señaló. En Las Palmas empiezan a conocer a Vidal, pura salsa del fútbol, que se presentó con un «tengo mis virtudes y mis defectos, y siempre doy titulares a la prensa». Y cumplió.