El Málaga, flojo, evidenció también el bache de juego del equipo coruñés
06 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Bajo una dura costra de mediocridad, en alguna parte de la Liga hay escondido un equipo de fútbol brillante y eficaz. Irureta tiene cuatro días para encontrar ese agujerito y que el Deportivo de hace mes y medio asome la cabeza por él. De lo contrario, el partido de Holanda, crucial, puede ser un calvario. La seriedad que sigue acreditando la defensa, sobre todo en casa, y una acción a balón parado disimulan otro pésimo partido de los coruñeses. No obstante, esta victoria balsámica ante un Málaga muy normalito invita al optimismo. Freud no jugaba al fútbol, como recordó Irureta el viernes en la sala de prensa. Pero como psicoanalista tendría trabajo en este Deportivo, porque el equipo está de diván. El primer tiempo fue, si cabe, peor que el disputado contra el Villarreal. No hay que ser una lumbrera como Freud para entender por qué Fran calentaba en la banda al cuarto de hora. Además, si Héctor es quien tiene que coger el balón en la media, conducir veinte metros por el centro y buscar a Tristán con un pase profundo es que algo va mal. La segunda parte, al menos discreta, alivia las consecuencias de un bache por el que empezaban a verse las antípodas. El duelo fue del Málaga en esa primera parte para el olvido. El fútbol, también. Luque jugó otro partido. Puso su velocidad al servicio del equipo y, al menos, ofreció alternativas ofensivas. Comprendió que ya era hora de disparar a portería y ensayó desde lejos el primer chut del equipo coruñés. ¡Minuto 30! Esto y el gol de Capdevila fue casi todo el bagaje atacante del conjunto blanquiazul. Nadie daba juego. Los pocos balones que llegaban a los de arriba eran lejos de zonas de peligro, tras pases horizontales, sin riesgo que Luque, Tristán o Víctor recibían de espaldas a la portería y con sus defensores encima. Y así es muy difícil. ¿Y qué se puede decir de los saques de esquina del Dépor? Desde hace algún tiempo tienen dos versiones: corto o largo. En general, el Deportivo ha perdido precisión en varios fundamentos del juego: toque corto, pase en profundidad, centro desde las bandas... Por fortuna, Luque, que no es un especialista en esos menesteres, afinó la puntería en una falta que puso en la cabeza de Capdevila. Después de seis encuentros, Joan, un defensa, pone fin a la sequía realizadora y a esa extraña trayectoria del gol en propia meta. Y todo, a costa de un Málaga que se pareció poco al que derrotó 5-1 al Barcelona. Si el Dépor está espeso, por qué no modificarlo. Si Irureta tiene el mérito de haber compactado un equipo diversiforme, capaz de convertir al instante el 4-2-3-1 en un 4-4-2 (por ejemplo), ¿por qué no lo pone en funcionamiento? El Málaga estuvo media hora con un solo pivote, y fuera de casa. De lo poco elegante que se vio en el partido fue un gesto de Luque, que pidió a la grada el aplauso para su compañero y competidor Diego Tristán cuando fue sustituido.