El reto más difícil de Raña

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo REDACCIÓN

DEPORTES

XURXO LOBATO

-Perdona Fernando, puedes llamarme en quince minutos que estoy en un control antidoping de estos por sorpresa. -Tranquilo. Veinte minutos más tarde. -¿Está ya Iván? -Sí. -¿Qué tal con el antidoping? -Algo rutinario. Antes de ir al Mundial es lógico que hagan controles. -Sin problemas, ¿no? -Sin problemas. -Supongo que habrá pasado ya un montón de controles. Cientos. La conversación fue el domingo. Iván Raña partió ayer rumbo a Nueva Zelanda donde el día 7 de diciembre intentará revalidar su título mundial de triatlón. Algo nada fácil, a pesar de que en los últimos tiempos el gallego de Ordes ha acaparado todos los títulos importantes que se han puesto en liza. El año pasado, Raña dominó la prueba en México. Allá, en el calor de Cancún, este portento de deportista dio una exhibición de poderío a todos sus rivales. Entonces, Iván era un candidato a la victoria. Hoy en día las cosas han cambiado. Nuestro Iván es el favorito número uno, pero eso también tiene peajes a pagar. De hecho, por primera vez, Raña comienza a sentir la presión de ser el mejor. «Ya no puedo moverme en las carreras con la libertad de antes. No puedo atacar así como así porque siempre tendré gente encima vigilándome. Y fuera de la competición la gente dice siempre que voy a ganar. Esperan que gane seguro, sin apenas problemas. Y yo no lo veo así porque la competición es algo muy difícil en la que inciden muchas cosas que no dependen de uno mismo, como un pinchazo, una caída... Creo que sí, que esto es la presión, que quedar segundo ya no vale a los demás. En cambio, a mí, un segundo, tercero o cuarto lugar me valen de mucho porque significan que sigo compitiendo entre los mejores. Y eso es importante porque ganar siempre es bastante complicado», dijo el ordense. Para los paganos: una prueba de triatlón consta de tres partes: natación, bicicleta y carrera a pie. En el agua hay que nadar 1.500 metros; sobre la bici hay que correr cuarenta kilómetros; y para terminar, una carrera de diez kilómetros. No cabe duda de que es una modalidad para superdotados, deportistas con unas facultades físicas espectaculares y una fortaleza mental digna de los elegidos. Iván Raña, aunque tendrá tiempo de conocer de primera mano el recorrido, ya cuenta con la suficiente información sobre el mismo. «Puedo decir que el agua estará muy fría y que será lo más difícil de todo. No sabemos muy bien cómo podrá afectarnos. La prueba de bicicleta será muy técnica, con muchas curvas, pero no creo que sea en ella donde se rompa la carrera. Y en cuanto a la prueba a pie, puede ser una encerrona. Hay lugares en los que hay que pasar de uno en uno por lo estrechos que son. Pero bueno, esto hará la carrera más divertida y puede que haya sorpresas. Pero yo incidiría en la prueba de natación y en lo fría que está el agua. Vamos a ver», señaló. Pero el gallego, sin embargo y con independencia de que alguno pudiera quedar descartado en los 1.500 metros en el agua, piensa que todo se dilucidará en la parte final: «Creo que habrá un grupo de unos quince triatletas que nos marcharemos pronto. Nos daremos relevos porque a todos nos interesará coger distancia. En la bici, iremos rápidos, pero no habrá diferencias. Todo quedará para la carrera a pie, como casi siempre, salvo que a alguien el agua le haya descartado». ¿Quiénes serán los rivales del gran Iván Raña? No parece que baraje sorpresas. «Simon Whitfield, el campeón olímpico; Peter Robertson, el subcampeón del mundo en Cancún tras el propio Iván; y el también australiano Bennet. Pero al ordense no le asustan: «Tal vez tuve un par de fallos esta temporada en la Copa del mundo, pero hasta la fecha, lo que he preparado a conciencia siempre me salió bien», dijo. -¿Y se ha preparado a conciencia para el Mundial? -Sí, desde luego. Es el objetivo principal del año. Iván tiene razón. Hasta la fecha, la joya de la corona del triatlón español ha arrasado. Desde que irrumpió en Sídney, con la quinta plaza, ha ganado todo aquello que se ha propuesto, es decir, dos campeonatos de Europa y un mundial. Casi nada. En el caso de lograr su segundo entorchado se confirmaría como uno de los mejores deportistas españoles y como el mejor triatleta del planeta.